'Juno': buena película más allá de los Oscars

Pese a que hace tiempo que no se nada de Lope Serrano, mi profesor de Crítica Cinematográfica durante mi época en la UAB, estoy casi seguro de que no aprueba el artificioso y exageradamente trabajado guión de Juno. No porqué sea malo, sino por poner en boca de una niña frases tan rimbombantes y que parecen escritas con tiralíneas. En algunas ocasiones he coincido con él en ese aspecto (Crash, de Haggis, es el ejemplo clásico) pero en este caso, no acabo de estar de acuerdo.

Creo que si el objetivo de Juno fuera el de realizar un retrato social serio y profundo sobre el embarazo infantil, el tono de la película y su guión Sí serían un problema. Pero durante todo el metraje, lo que me llegó fue el aspecto y forma de una comedieta sin demasiadas pretensiones. Esto me permitió conectar con la cinta y pasar por alto (e incluso celebrar) lo ficticio de sus diálogos.

Juno es una buena película. No debemos darle la espalda porque caiga en las mismas situaciones que el resto de cine para adolescentes americano ni por su buena carrera comercial. El principal problema de muchos espectadores y críticos ante esta película, como pasó con Crash (volvamos al ejemplo) es su éxito en los Oscar (aunque únicamente sea con sus nominaciones y un guión). Quizá sea verdad que su entrada en las seleccionadas como mejor película, guión y ¡¿Mejor Actriz!? sea solo para rendir pleitesía a su éxito económico pero eso no le quita mérito a la cinta.

Creo que debemos ser capaces de mirar Juno sin prejuicios para encontrar algunas buenas escenas y un conjunto más que digno. Además, la banda sonora es fantástica y el retrato de personajes es también notable (a mi me encanta el chico). No quiero alargarme más, solo quería dejar constancia de que, a pesar de mi tendencia a machacar todas las películas, Juno me gustó. Lo admito. ¡Y hasta el cartel es bueno!

American Gangster. El retorno del mejor Ridley


Siempre me ha parecido que Ridley Scott es un gran director, con un sentido del ritmo espectacular y con un detalle por el aspecto visual envidiable. La contrapartida es que, al igual que su hermano Tony, parece dedicar muchos más esfuerzos a estos aspectos que a urdir una trama inteligente y bien narrada.

No se trata de algo generalizado, Thelma y Louise se basa únicamente en la historia y en los diálogos. En Los Impostores, el director cumplió su cometido con una nota aceptable, pero El Reino de los Cielos me pareció una película tan asombrosa en el apartado ‘físico’ como vacía de contenido.
Parece que para este American Gangster, Scott ha decidido por fin echar mano de un buen guionista con una buena historia. Quizá se le haya ido un poco la mano en la durada de la cinta, lo que le da un cierto aire pretencioso, pero el retrato de personajes, los diálogos y las situaciones en las que se desarrollan son no solo interesantes si no- me atrevo a decir- apasionantes.

Los Scott nunca se han amedrentado a la hora de mostrar la violencia en pantalla. La sangre es un ingrediente básico en todas sus historias y siempre es interesante encontrar más de una amputación y alguna mutilación en sus montajes. En este caso, las explosiones de violencia son comedidas pero eso no hace más digerible la película. ¿porqué? Por el retrato que ofrece de las drogas.

En American Gangster la heroína es algo desagradable, en las antípodas de Pulp Fiction y –quizás también- de Trainspotting. El director muestra brazos hinchados y carcomidos por la droga, gente que muere de sobredosis y heridas que no pueden hacer más que incomodar al espectador. Que una película de Hollywood se atreva a mostrar así una realidad tan dura merece un aplauso: ¡Plas Plas!

Pese a que se trata de una película excelente, no entiendo la comparación que se hizo durante su promoción con El Padrino. No es lo mismo. Pese a la implicación emocional que se establece con el personaje de Denzel Washington, las coincidencias se limitan a que trata del ascenso y caída de un mafioso y poco más. También nos gusta el policía (Crowe), lo que nos permite ver las luces y sombras de ambos personajes sin llegar a identificarnos totalmente con ningún bando.

En mi opinión, la intención de Ridley Scott era más bien la de emular el trabajo de Brian de Palma en El Precio del poder. La misma base argumental, el mismo recorrido y un cartel prácticamente calcado. Ya para acabar, quiero decir que no entiendo la nominación de Ruby Dee como mejor actriz secundaria. No quiero decir que la madre de Denzel Wahsington en la película sea mala actriz, pero su papel solo tiene UNA frase interesante en más de dos horas de metraje. Si hubiera ganado seria un delito casi tan flagrante como el Oscar que le concedieron a Jennifer Connelly solo por gritar ante el espejo en una escena de la cutre Una Mente Maravillosa. Por suerte no fue así, y Tilda Swinton se llevó a casa la estatuilla. Y todos la mar de contentos (menos los fans de Cate Blanchett).

Sunshine in Yellow: Antònia Font en vivo

[último post relacionado]: Concert Antònia Font a Manlleu

El jueves pasado asistí al concierto que el grupo Antònia Font hizo en Sant Cugat del Vallès. La verdad es que no soy ningún entendido en música y por eso no puedo decir si la calidad del concierto fué tal o cual, pero sí que puedo decir que yo me lo pasé bomba. Antònia Font me gusta desde que los conocí en una entrevista de Minoria Absoluta en Rac-1. Pusieron un corte del disco que estrenaban (Batiscafo katiuscas) y me pareció interesante. Ese mismo día cogí prestado el álbum Taxi de la biblioteca y desde entonces soy fan.

Ya había visto anteriormente a AF en dos conciertos: uno en Sabadell durante su Fiesta Mayor y otro en Vic, pero en este caso era diferente, pues tocaban junto a la orquesta de Sant Cugat para presentar su nuevo disco Coser i Cantar. En un principio me daba miedo que el formato clásico fuera un poco aburrido, pues su mezcla tradicional de música electrónica y guitarras es increíble. La verdad es que, al final, este concierto unía las dos cosas: la belleza de los instrumentos de orquesta y la agresividad de sus conciertos más alocados. La versión de Astronauta Rimador fue, sin duda, el mejor momento de la noche, junto con los infinitos vises.

No soy fan de la música en directo pero solo puedo decir que Antònia Font demostraron, una vez más, que son un grupo excepcional.


Póquer de Oscars para los Coen

Los Coen han acabado saliéndose con la suya y se han alzado como los grandes vencedores de la noche de los Oscar: mejor actor secundario, mejor guión adaptado, mejor dirección y mejor película para No es país para viejos, un excelente y violento thriller situado en la frontera de los Estados Unidos.

Debo admitir que no acerté en la quiniela. Mi error fue el de pretender que la academia buscara una posición ecuánime a la hora de premiar las dos películas favoritas: No es país para viejos y Pozos de Ambición. Por alguna extraña razón me convencí a mi mismo de que se repetiría la misma situación de los Oscar 2000 en que las principales categorías se repartieron entre dos películas. Ese año fue Gladiador quien ganó la estatuilla a mejor película y actor –junto con tres premios más por sonido, vestuario y efectos visuales- mientras que Traffic consiguió el premio a mejor director para Steven Soderbergh además de guión adaptado, actor secundario y montaje. El hecho de que tanto los hermanos Coen como Paul Thomas Anderson ocupen lugares de honor dentro de mi lista de directores favoritos no ayudó a que eligiera con más tino la lista de ganadores.

Sea como sea, y sintiéndolo mucho por Thomas Anderson, no me entristece el resultado de esta 80 edición de los premios de la academia. Considero que la película ganadora es una nueva muestra de hasta donde son capaces de llegar los Coen. Su trascripción a la pantalla de la obra de Cormac McCarthy es magistral. No he leído No es país para viejos pero sí otras obras del autor y comparten la misma parquedad de palabras, la crudeza de las acciones y la textura áspera y polvorienta que encontramos en el trabajo de los Coen.

Quizás lo más sorprendente es como los dos hermanos han conseguido mantener una escrupulosa fidelidad al libro –las últimas palabras de la cinta coinciden con las de la novela- al tiempo que imprimen su sello característico que nos remite a trabajos ya míticos como Fargo, Muerte entre las Flores y Sangre Fácil.

Por otro lado, y como viene siendo ya habitual en ellos, los Coen han tratado con tanta precisión el trabajo de los actores como el resto de apartados técnicos y artísticos. Esto hace que la película esté llamada a convertirse en uno de los mejores trabajos de los Coen y, por tanto, una de las mejores películas de las dos últimas décadas. No exagero. Lo que en manos de cualquier otro podría haberse convertido en un ruidoso telefilme de acción, logra a cargo de los Coen, matices de obra maestra. En definitiva, No es país para viejos es un meticuloso, musculado y eficaz mecanismo de relojería capaz de transmitir emociones al mismo tiempo que dispara nuestra adrenalina plano a plano.

¡Dicho y Hecho! 'El Cinematògraf' gana el premio Zaping


Ayer por la noche, mientras yo asistía a un concierto de Antònia Font en Sant Cugat, el programa de televisión El Cinematògraf ganó el premio Zaping dentro del apartado de Mejor Programa de Actualidad Informativa, Reportajes i entrevistas. Felicidades a todo el equipo: Quim, Glòria, Xevi, Raquiel Eva, Jordi, Aleix i Albert.

Para más información, leed la notícia publicada en Elter.net, por mi amiga Arola Cumeras. Y así me ahorro de copiar a una compañera...

Académico (I): 'Step into liquid', libertad líquida

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.


El presente texto coge prestado el título del documental sobre surf que Dana Brown rodó el año 2003 y que llegó a nosotros bajo el descacharrante nombre de El Club de las Olas. Lo que proponía Brown con esta película no era un típico reportaje sobre saltos, piruetas, tablas y playas paradisíacas. Step into liquid es un honesto y emotivo homenaje a una forma de vivir, pensar y actuar dictada por las olas y por el agua y donde el surf es más una filosofía que un deporte extremo. Algunos de los entrevistados son surfistas profesionales pero otros son jubilados, obreros, comerciales, profesores, niños o grupos de amigas universitarias y, todos ellos, se confiesan unos adictos al agua y admiten que el momento en que dejan tierra firme y dan el primer paso en el líquido es cuando realmente se sienten libres.
El surf puede ser una metáfora tan buena como las que usa Bauman en su libro para reflexionar sobre la tendencia del mundo actual. La sociedad de hoy es una gran cresta de la ola sin principio ni fin. Lo que haya sucedido en el pasado no nos importa demasiado ni tampoco somos capaces de prever lo que sucederá en el próximo instante. Debemos seguir adelante, en un perpetuo avance, sorteando los vaivenes del agua sin importarnos a donde va a parar lo que dejamos atrás. Si nos detenemos un solo instante el firme bajo nuestros pies se deshará y, la ola, o bien pasará de largo o bien nos arrollará. Y no debemos descartar que sucedan las dos cosas...


Durante su travesía el surfista deberá actuar solo. Sin nadie en quien apoyarse ni sin la compañía de nadie. Quizá vea pasar otros surfistas en su misma situación, pero será un encuentro rápido y esporádico, sin ninguna esperanza de permanencia o de durabilidad.


Lo que diferencia la vida real del surf es que mientras la ola, tarde o temprano, se extinguirá, la vida líquida real propone un gran número de instrumentos para que el individuo pueda seguir avanzando sin perder potencia ni ritmo. Todos esos instrumentos los encontramos en los bienes y servicios de consumo. El mercado ha acaparado todas las esferas de actuación del ser humano y lo ha relegado a un mero consumidor. Bauman aún va más lejos al añadir que el auténtico objetivo de estos bienes y servicios nunca debe ser su adquisición sino que debemos tener la capacidad para deshacernos de ellos lo suficientemente rápido como para acceder a otros que se encuentran aún más lejos.


Cada paso en pos de una satisfacción será inútil pues el paradigma consumista establece que los anhelos y esperanzas del consumidor nunca deben quedar saciados. Por eso cada día aparecen nuevos productos o variantes de esos productos, listas de los 100 discos imprescindibles o de las mejores películas del año, libros que ya tenemos pero que volvemos a comprar porqué están encuadernados en piel y ediciones especiales de DVD que ya compramos hace años.


Anteriormente, en la época anterior a esta descerebrada postmodernidad, el individuo tenía instituciones a las que aferrarse como la religión, la família, el empleo o un sueño que cumplir. Pero hoy todo eso se ha desvanecido y el individuo, como dice Bauman, está asediado. Hoy es el individuo y no la colectividad quien se sitúa en el eje central de la actividad en las actuales sociedades modernas líquidas. Para Bauman, el avance social ya no se hace a través de grupos sociales formados por diversas personas, sinó que es la propia ambición (o desesperación) personal y egoísta de cada individuo lo que sigue alimentando la máquina. El individuo está asediado porqué le atacan por todos los flancos y debe reaccionar cada día a los cambios de última hora para actualizarse y no caducar.


Pero, evidentemente, para que una parte de la sociedad viva así, otra debe estar en el otro lado de la mesa de juego. No hablamos del tercer mundo, pues para nuestra sociedad consumista y vacía de morales, esa parte del mundo no es más que una fugaz y leve imagen borrosa que nada tiene que ver con nuestra vida diaria. Hablamos de los que anhelan vivir la libertad del surfista, pero que no se atreven a dar el paso en el líquido por miedo a perder la seguridad y la solidez de tierra firme. Quizás los hombres que han aceptado la libertad como forma de vida también echan de menos tener un poco de seguridad ya que la relación es clara: a más seguridad, menos libertad; y, a más libertad, menos seguridad. Pero como Bauman destaca, “mientras que los beneficiarios de nuestra peligrosamente desequilibrada, inestable y poco equitativa globalización consideran su libertad sin freno el mejor medio para alcanzar su propia seguridad, sus víctimas directas o colaterales sospechan que su mayor obstáculo para ser libres (...) radica en la inseguridad, que viven como algo horrible y lamentable”. Y mientras los primeros juegan en la playa, los segundos se deben contentar con mirar y soñar desde el espigón.

Académico (II): Terror en un mundo imaginado

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.

Uno de los recurrentes ataques que se lanzaron en el pasado festival de Cannes contra la apaleada película Tideland, del director Terry Gilliam, es que, según muchos de los críticos, en ella “no ocurre nada”. El argumento de Tideland gira alrededor de una niña cuyos padres son unos drogadictos y ella se pasa el día jugando en el interminable maizal que se extiende alrededor de su casa. Lo que desconcierta a estos críticos es, tal como argumenta su director, que “no ocurre nada” de toda esa serie de dramas y catástrofes a los que los medios (y el cine) nos tienen acostumbrados. Durante toda la cinta se dan una infinidad de oportunidades para que la niña sea atacada, insultada, maltratada, violada o sufra cualquier tipo de accidente, pero nada malo ocurre y ella puede seguir jugando en un mundo de fantasía impermeable a todos los temores que nos acechan en el mundo real.

Terry Gilliam explica en el audiocomentario que acompaña el DVD que los adultos de hoy están inculcando un miedo irracional, y muchas veces injustificado, a los niños: “vivo en un pequeño pueblo donde no ha habido nunca un caso de rapto, pero mis hijos no quieren ir hasta la tienda de caramelos de la esquina por miedo a que los secuestren. Es ridículo.” De alguna forma, la película (y antes la novela que la inspiró) muestra un modo de vida no globalizado y, por tanto, no envenenado por los temores que nos rondan constantemente. Tideland es, en definitiva, el retrato de una familia que ha quedado rezagada del constante progreso del mundo. Y lo que no pueden entender buena parte de los críticos actuales es que ese retrato se pueda ver como algo positivo. En vez de eso, ensalzan (quizás sin saberlo) las terroríficas ideas que la globalización ha traído consigo.


En el capítulo Refugiarse en la caja de Pandora o miedo y seguridad en la ciudad, Bauman explica como han cambiado las cosas en lo que respecta a las ciudades y a la seguridad a lo largo de los siglos. “la guerra contra la inseguridad, los peligros y los riesgos, se libra ahora en el interior de la ciudad y es dentro de ella donde se definen campos de batalla y se trazan las líneas del frente”.

Mientras que antes debíamos repeler los ataques provinentes del exterior de ese núcleo de seguridad que era la ciudad, hoy podemos encontrar peligros en cualquier esquina. El principal temor, y fundador de todos los demás, es el miedo a lo desconocido. Tememos al vagabundo, tememos al vecino, tememos al inmigrante y tememos a los jóvenes porqué no sabemos como pueden actuar.

Pero, además, estamos en una época de fermentación de nuevos temores y esto se debe, en parte, a la proliferación de noticias y debates en los medios de comunicación al respecto de aquello que nos puede infligir daño, dolor o pérdida económica: el miedo a un ataque terrorista es omnipresente, más aún tras los ataques del 11-M. Pero además tememos por la precariedad laboral, por el aumento de la inflación, por el sobrepeso pero también por la anorexia, por las drogas que están por todas partes, por la depresión post vacacional y por el desajuste que implica cambiar de hora el reloj dos veces al año. Por la peste porcina, por la gripe aviar, por los juguetes con exceso de plomo en la pintura, por los pollos contaminados, por los robos en gasolineras, por los allanamientos de morada, por el aumento del precio de los pisos pero también por su descenso. Tenemos miedo al cambio climático, al aumento del precio del petróleo, a la inmigración...

Seguramente no queda ya en nuestras sociedades del primer mundo ninguna parcela en que no se hayan instalado unos cuantos temores, fundados o no. Si lo pensamos fríamente puede parecer insensato vivir en esta situación, pero no lo es tanto si atendemos a la idea que Bauman aporta en su libro y, según la cual, de esta permanente sensación de inseguridad y temor se puede extraer un gran capital comercial: “Como si de efectivo líquido listo para cualquier inversión se tratara, el capital del miedo puede ser transformado en cualquier rentabilidad, ya sea económica o política, como así ocurre en la práctica”.

La rentabilidad política es más que clara, pues no existe programa político que no aporte su visión particular sobre como se deben resolver todos los temores que hemos visto anteriormente. Pero, además, existe una rentabilidad mucho más siniestra, y es la rentabilidad económica provinente de todo tipo de bienes de consumo y servicios. Si el sueldo de una familia es suficientemente importante encontrará a su alcance una ilimitada oferta de soluciones al temor: Bauman refuerza su cita con la de Stephen Graham: “los anunciantes han explotado deliberadamente los miedos extendidos al terrorismo catastrófico para aumentar las ventas de todoterrenos altamente rentables”. ¿Qué sentido tiene que en una gran ciudad como puede ser Barcelona, Madrid, Nueva York o Los Ángeles esté poblada por este tipo de coches que no hacen más que consumir cantidades ingentes de (una cada vez más escasa) gasolina? Anteriormente quien se compraba un coche todoterreno tenía la intención, al menos en apariencia, de ir al bosque, correr por la montaña, ensuciar y abollar la chapa, amortizar la inversión en definitiva. Hoy ya no es así y se ven magníficos Hammer con pinturas metalizadas y brillantes como patenas en todos los ceda el paso de las ciudades. Sobre esto es muy ilustrativo uno de los últimos gags de la película de animación Cars en que uno de los secundarios, un antiguo militar-Jeep chusquero hace un curso para todoterrenos pijos que no han abandonado en su vida el asfalto de las grandes urbes.

La vida humana fue hasta la llegada de la era moderna una vida pública. Los estrechos vínculos entre familiares, amigos, barrios e incluso pueblos, hacía que todo se hiciera de forma grupal y de puertas afuera en los llamados espacios públicos. Las nuevas sociedades, en cambio, promueven el individualismo y la reclusión. Ahora todo pasa de puertas adentro y es por eso que se erigen esos temibles castillos fortificados para que NADIE logre pasar de la verja electrificada y a los que se debe acceder desde monstruosos coches blindados. “El espacio público fue la primera víctima colateral de la ardua batalla perdida de una ciudad contra el avance implacable del coloso global”, comenta Bauman. En un mundo globalizado, las relaciones en esos espacios públicos ya no tienen sentido, pues no son necesarias. Ahora compramos, consumimos, nos interrelacionamos de forma global y lo que suceda en la puerta de al lado nos es indiferente (en el mejor de los casos) o nos produce terror.

El relato de Bauman es pesimista pero concluye con una llamada por encontrar de nuevo espacios públicos donde la “exposición a la diferencia” permita desembocar en una convivencia feliz y que hará que “las raíces urbanas del miedo (...) se consuman y se sequen”. La sociedad actual promueve esta reclusión individualista pero es nuestra responsabilidad romper con esa tónica y crear nuevos espacios dónde se creen vínculos que permitan que la palabra Sociedad vuelva a tener el sentido de “una reunión organizada de personas para vivir en común”, como reza el diccionario VOX. Pero, como Bauman destaca, se trata de una tarea nada fácil: “de hecho, es una de las tareas menos sencillas a las que tendrá que enfrentarse un planeta en rápido proceso de globalización (...) pero ha de ser asumida sin rodeos y con la mayor urgencia”.

Académico (III): La Jungla 4.0 y las futuras I-Wars

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.
“¿De verdad escuchas las noticias? Las noticias están totalmente manipuladas. Todo lo que oyes ahí, todos los días del año, está diseñado por las grandes empresas con un solo objetivo: hacer que vivas con miedo. Miedo a todo, para que salgas y te gastes el dinero en cosas. Cosas inútiles, cosas que ya tienes. Para seguir ingresando pasta por publicidad.”

Esta cita no está sacada de la obra de Bauman ni de la de ningún otro estudioso de la decadencia de nuestra sociedad. Tampoco forma parte de ningún tratado sobre medios de comunicación ni está escrita por ningún teórico apocalíptico. El texto es un extracto literal de un diálogo que aparece en ‘La Jungla 4.0’ (Live Free or Die Hard) uno de los ‘blockbusters’ del verano y cuarto capítulo de una de las mayores (y mejores) sagas del actual cine de acción.

No deja de ser interesante que un producto sin más que las de entretener al público y recaudar dinero, logre sintetizar en solo unas líneas muchas de las ideas que aparecen en el libro de Zigmut Bauman, Vida Líquida. Esto demuestra que la sociedad de consumo ha logrado absorber todas las facetas de la vida cotidiana, incluso la disidencia. Un personaje que ataque a los medios de comunicación y a las grandes corporaciones puede cohabitar perfectamente con la vida comercializada, agresiva y vacía que nos ha tocado vivir y que el cine de palomitas ‘made in Holywood’ representa mejor que nadie. Nada escapa a la sociedad de consumo y nada turba su avance. Todo se puede consumir.

No es baladí que entre los títulos de crédito de esta película aparezca la figura de John Carlin. ‘La Jungla 4.0’ habla de un ataque de ciber-terrorismo en los Estados Unidos post 11-S y toma como base de trabajo el interesante artículo de Carlin ‘Farewell to Arms’ del año 1993, para la revista ‘Wired’. Se puede leer en inglés en en Wired.com.

Tanto el artículo de Carlin como la película plantean interesantes preguntas alrededor de lo que Carlin define como la I-War, la Guerra de la Información que, en un futuro, podría amenazar la seguridad de los Estados Unidos y ante la que nadie está preparado para actuar. Carlin expone las dificultades que tendría el hipermusculado ejército norteamericano para solucionar un ataque dirigido contra las telecomunicaciones y todo lo informatizado. El principal problema de las guerras de la información es, como el artículo reza, que “al igual que la tecnología que la hace posible, el panorama es vasto, difícil de visualizar y infinitamente flexible”, y lo que complica las cosas es que “no es necesaria (...) una gran fabrica para manufacturar bombas de software; cualquier PC podría hacerlo”. Según el periodista, estamos ante una nueva guerra fría y, como en la antigua, “cuando el FBI, la NSA, la CIA y el pentágono se unan para hablar de seguridad nacional, un montón de gente empezará a buscar sus cartas de Derechos y Libertades. Y cuando la amenaza de la que todo el mundo habla provenga de ‘hackers’ extranjeros sin rostro, terroristas y fabricantes de bombas (...) podemos apostar que la paranoia demagógica no faltará”.

En la última página de Vida Líquida, Bauman asegura que el nuevo escenario global, “no nos resultará familiar. Será diferente a todo aquello a lo que nos hemos acostumbrado”. Vivimos sin tener en cuenta que nuestra situación diaria, la que nos sostiene y que damos por supuesta, se tambalea, y cada día más. Los recursos se terminan y es inminente un cambio, pero nadie se prepara para ello. En la película podemos ver un pequeño avance de lo que podría ocurrir el día en que se retroceda (tan solo un solo paso) en esa evolución frenética y vertiginosa en la que llevamos décadas instalados. El malo de turno orquestra un “Caos Total”, un ataque de tres fases a los transportes y telecomunicaciones, las finanzas y los servicios y el resultado es claro: vecinos desesperados por no tener ni luz, ni agua ni gas (ni dinero en sus cuentas corrientes); comisarías saturadas de gente, telecomunicaciones cortadas (que ni siquiera permiten a políticos /militares /dirigentes comunicarse entre ellos) y ningún atisbo de quién debe hacerse cargo de la situación ni de cómo debe actuar. El artículo de Carlin es revelador en este aspecto:

“¿qué es un acto de guerra? ¿Cuál es la respuesta apropiada? ¿Cuáles son las líneas de defensa? ¿que significa ifrastructura “civil” cuando el 90 por ciento de las comunicaciones militares de los Estados Unidos viajan a través de redes públicas? ¿Estamos preparados para una hoguera de las libertades civiles en nombre de la seguridad nacional? ¿Necesitamos una armada? ¿Una flota marina? ¿Una fuerza aérea? ¿Importa lo que tengamos? ¿Y como impulsarás un debate informado y libre sobre un asunto de improrrogable importancia sin provocar el pánico? Todas estas son cuestiones interesantes, a no ser que formes parte de los hombres o mujeres a quien han pagado para mantener los Estados Unidos (o cualquier otro país) durmiendo seguro entre sus límites. En ese caso, esas cuestiones son una pesadilla”


Lamentablemente este debate se cierra demasiado pronto en la película y las reflexiones sobre el futuro del terrorismo se diluyen a medida que la acción empieza a suplantar el debate. Existen, sin embargo, otras consideraciones que vinculan la obra de Bauman con La Jungla 4.0. Una de ellas es la cuestión sobre lo es un héroe en la sociedad actual.

John McClane, el personaje central, opina que un héroe es “aquél que arriesga su vida para salvar a los demás”. McClane es hijo de otra época y su protocolo de acción se basa en la aplicación de una violencia desmesurada sobre los demás y la aceptación del dolor propio a cambio de poder salirse con la suya al final. “Algo así como retrasar la gratificación en el momento presente a fin de obtener mayores beneficios en el futuro”, acota Bauman. El pensamiento de MC Clane se relaciona con la obsoleta figura del héroe como protector del Estado-Nación capaz de morir por su patria con tal de evitar un nuevo ataque terrorista. Y además, lo hace sin esperar a cambio medallas de ningún tipo, lo que reafirma su lealtad al país, algo totalmente inconcebible en la época de las ‘celebrities’.

Pero, por otro lado, John McClane es el ejemplo perfecto del héroe líquido, al menos en zona de guerra, ya que es capaz de ir re-ajustándose y adaptándose a cada nuevo entorno a medida que inicia más y más batallas contra los enemigos. Y en cada situación es capaz de matar con lo que más cerca tenga (ya sea un fusíl, un cuchillo, un camión o un helicóptero). Además, en esta ocasión los guionistas le han proporcionado un plus de liquidez con su nuevo compañero, un hacker que guía a Mc Lane allí donde no puede llegar: el mundo de las redes informáticas y las telecomunicaciones. ¿El resultado? una imparable persecución con todo tipo de giros y regiros, vueltas de tuerca y un ‘Más Difícil Todavia’ perpetuo. “¿Cual es el plan?”, le pregunta el chico, “¿llegar allí y matar a todos menos a mi hija”, contesta él. “No, yo me refiero a un plan, de verdad, un plan... en serio” concluye preocupado el chico.

Pero como Bauman sabe y defiende, en la vida líquida el ‘plan’ no hace falta, ya que lo que importa es el momento actual, la lucha de aquí y ahora. Y todo lo demás no debería afectarnos.

Y cuando acabe la película, ya pondremos otra cosa.


Académico (IV): El síndrome consumista en cuerpo y mente

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.
En mi opinión el capítulo dedicado al consumo, Consumidores en la sociedad moderna líquida, es uno de los más importantes e interesantes de toda la obra Vida Líquida de Zygmunt Bauman. No es casual que este sea el único segmento del libro que está dividido en subtítulos, pequeñas franjas de estudio, pues el consumo es uno de los principales tema de debate de nuestra sociedad o, quizás, el principal.

El capítulo arranca con una reiteración de algunas de las ideas que ya se han tratado en el libro pero que desembocan en una síntesis de lo más precisa: “el consumismo es (...) una economía de engaño, exceso y desperdicio”. Nuestra economía basada en el consumo implica una constante acumulación de mentiras y de promesas incumplidas. Pero el consumidor, lejos de abandonar tras verse engañado, sigue empeñado en avanzar, lo que le lleva a una carrera sin fin a través de la adquisición de todos los bienes y servicios de consumo que tenga a su alcance. El exceso es básico, cuanto más compres, uses y desperdicies, mejor podrás deslizarte por la vida líquida consumista que define Bauman.

Y es en este panorama donde el autor ubica tres elementos o conceptos que se vinculan estrechamente pero que abren, cada uno por su cuenta, múltiples temas de debate: “la vida consumidora, el cuerpo consumidor y la infancia consumidora”. Veamos cada uno de ellos.

Bauman opina que el ser humano siempre ha sido consumidor y, por tanto, la sociedad de consumidores no es algo nuevo de nuestros tiempos. Pero la creciente velocidad de la vida líquida y la reducción de la durabilidad de sus procesos, la ha llevado un paso más allá. Para Bauman, la sociedad actual está sumida en un Síndrome de Consumo.

“Ese síndrome implica más, mucho más, que una mera fascinación por los placeres de ingerir y digerir, por las sensaciones placenteras y sin más y por el divertirse o el pasarlo bien. Se trata de un auténtico (...) cúmulo de actitudes y estrategias, disposiciones cognitivas, juicios y prejuicios de valor, supuestos explícitos y tácitos sobre el funcionamiento del mundo y sobre cómo desenvolverse en él, imágenes de la felicidad y maneras de alcanzarla”.

El consumo alcanza niveles sociales pero también psicológicos o de conducta. Esto hace que nada escape al consumo y que este lo controle todo. De hecho el consumo se ha convertido en un paradigma y supone el rasero para medir todo aquello de valor que pueda existir en la sociedad. La vida entera se ha convertido en un gran hipermercado de moda, tendencias, productos, servicios e ideas. Todo se compra-vende-deshecha a un ritmo vertiginoso, pues tan importante es poder acceder a los bienes a tiempo (antes de que pierdan su exclusividad) como deshacerse de ellos antes que pasen de moda y verse con ellos sea la peor de las humillaciones.

El cuerpo es en la sociedad líquida actual el epicentro de todo lo que representamos, somos, anhelamos y deseamos. El cuerpo se ha convertido en algo tan importante que no dejan de aparecer todo tipo de recetas para cuidarlo, alimentarlo y hacerlo apetecible y atlético. No es simplemente una metáfora sobre el bien (músculo) contra el mal (grasa) de las sociedades, sino que se ha convertido en la única realidad tangible y palpable de quien somos. Salir a la calle es encontrarse ante centenares de ofertas para mejorar nuestra dieta, peso, aspecto y humor a través del ejercicio físico, los masajes, la medicación... Una muestra de por donde van los tiros es la gran aceptación que palabras como Fitness o Spa han tenido en el vocabulario de los ciudadanos españoles.

sLa novela American Psycho y su posterior adaptación cinematográfica son un perfecto ejemplo de esta situación. Su protagonista, Patrick Bateman, es un yuppie de la década de los 80 totalmente absorbido por la vida consumidora. Al inicio de la novela explica durante páginas y páginas cuales son sus ingredientes para mantener el cuerpo en forma: ir al gimnasio, tratarse el cutis siempre con un determinado producto y durante un tiempo exacto, aplicarse todo tipo de cremas y máscaras, afeitarse siguiendo un proceso rígido y meticuloso, asearse uñas y dientes... Bateman es el reflejo hiperbólico y desquiciado de una sociedad enferma por las apariencias. Toda la obra de Bret Easton Ellis habla precisamente de lo que Bateman cree ser y de la frustración que le produce descubrir, hacia el final, que su vida no es diferente a la de tantos otros seres humanos.

Bateman forma parte de un grupo de grandes, enormes consumidores. Jóvenes de treinta años con un poder económico apabullante. Los restaurantes caros y elitistas, la cocaína y los trajes espectaculares marcan su vida diaria, pero al final descubren que todos esos complementos no son más que vacías capas de barniz que no cubren nada. Es antológico en este sentido el absurdo debate que se establece entre cual de ellos tiene la mejor tarjeta de presentación cuando todas son iguales pero con algunas (imperceptibles) variaciones.

El hecho que Patrick Bateman sea un asesino, un psicópata, indica la importancia que el cuerpo tiene en esa sociedad. Bateman es alguien totalmente obsesionado con la apariencia y con el poder del cuerpo como definidor de un status social. Por eso destruye otros cuerpos. Algunas de sus víctimas son desechos de la sociedad, vagabundos y putas que deben pagar el precio de no estar a la altura de los consumidores puros. En otras ocasiones, el asesinato es un aséptico, frío y cruel acto de vampirismo. Al matar y descuartizar a alguno de sus compañeros, Bateman pretende, de hecho, hacerse con el poder, magnetismo y vitalidad de esa persona. Pero para ello debe acabar con su contenedor, que es ese excesivamente pulido y cuidado cuerpo humano.

¿Y cual es el futuro de esta situación? ¿Dónde desembocará esta tendencia? El retrato que Bauman ofrece de nuestro futuro como sociedad es tan destructivo, pesimista y temible que no podía tener una síntesis mejor en la frase “el alma del niño está asediada”. Retomamos la idea del asedio del primer capítulo como un ataque continuado, reiterativo y desde todos los flancos, pero esta vez dirigido no solo hacia un niño, sino hacia su alma. El concepto de alma es casi religioso y hace referencia a algo que está más allá de nuestras acciones, de nuestras ambiciones y de lo que anhelamos (y consumimos) el alma debería ser nuestra única parte libre y la de las futuras generaciones ya está contaminada.

Los niños de hoy han aprendido rápido y todas sus relaciones, ambiciones y deseos se sustentan sobre un patrón consumista. “Las grandes marcas se alimentan de una serie de necesidades que flotan libremente y sin hogar, y la lealtad a la marca ha sustituido a los lazos humanos como principal factor de las expectativas y las habilidades vitales de los consumidores del futuro”.

El consumismo lo es todo en la infancia y la sociedad les animará a que siga siendo así una vez que abandonen su etapa inicial de vida. No hará falta formar a los adultos de mañana para que acepten el estilo de vida consumista ya que vendrán preprogramados de antemano.

Los niños de hoy lo saben todo sobre juegos, consolas, programas de televisión, ordenadores, idiomas, famosos, artistas y sobre todo lo que está o no de moda. Los niños de hoy están siendo educados para moverse con una total versatilidad y libertad de movimientos por la vida líquida sin preguntarse jamás si lo que hacen está bien o mal. Si esto sigue así, el futuro se avecina negro y deprimente, y no parece que nadie esté dispuesto a cambiarlo.

Académico (V): Un Atisbo de luz en tiempo oscuros

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.

El último capítulo de Vida Líquida, cierra el libro recordando (releyendo) a los pensadores Theodor W. Adorno y Hannah Arendt para demostrar que nos encontramos ante unos Tiempos Oscuros. Tiempos que no presagian nada positivo si se mantiene el actual ritmo de desgaste frenético que nadie parece interesado en detener.

Durante 200 páginas Zygmunt Bauman nos ha mostrado todos y cada uno de los aspectos negativos que presenta la Sociedad Moderna Líquida actual. Desde un problema de base, como es su falta de estabilidad, hasta la peligrosa tendencia a hipotecar todo nuestro futuro por un presente lleno de sensaciones rápidas y fútiles. El panorama que Bauman dibuja no es halagador ni positivo. Todo en nuestras sociedades parece diseñado y orquestado por una amenazante y omnipresente maquinaria que se encarga de decidir cuales deben ser nuestros anhelos y esperanzas pero que, al mismo tiempo, nos priva de ellos.

Bauman argumenta de forma clara en este último capítulo que a la sociedad le ha ocurrido algo catastrófico. Las sociedades actuales se rigen por su capacidad de consumo y se ha defenestrado cualquier valor moral que no sea computable y rentable. Al principio veía en él a otro pensador apocalíptico, más interesado en regocijarse en la destrucción que en buscar una salida positiva. Pero a medida que los capítulos se van sucediendo se deja entrever entre el oscuro panorama un pequeño atisbo de luz. Una leve esperanza en que no todo esté perdido aún. Bauman desea que las cosas cambien antes de que sea demasiado tarde para reaccionar. Es evidente que el mundo está rodando cuesta abajo, y Bauman cree que aún se puede, se Debe, detener la caída. Porque la alternativa es un choque mortal a toda velocidad.

Bauman no se considera capaz de mostrar el camino que hay que recorrer para arreglar el mundo, pero hace un llamamiento constante en cada uno de sus textos a la concordia y al acuerdo social. Las personas deben volver a confiar mutuamente, a respetarse, a responsabilizarse los unos de los otros por el bien común. Y, aún más, ese reencuentro debe realizarse en lugares públicos, lejos de las barricadas de las islas de seguridad, lejos de los muros de hormigón y las cámaras de vigilancia. Es la única forma en que se establezcan nuevos vínculos afectivos y sociales, imprescindibles para la buena marcha de la humanidad.

"hay que buscar un nuevo tipo de escenario global en que los itinerarios de las iniciativas económicas de cualquier rincón del planeta dejen de ser tan sumamente volubles y dejen de estar guiados exclusivamente por las ganancias momentáneas sin prestar atención a los efectos secundarios y a las víctimas colaterales y sin atribuir importancia alguna a las dimensiones sociales de los desequilibrios entre coste y efecto."

El texto citado proviene de la última página del libro y supone el último intento de Bauman por hacernos entender la importancia del cambio, su último "mensaje en la botella", como él mismo comenta parafraseando a Jürgen Habermas.

Durante toda la obra el autor evita usar el término Destrucción al referirse a la decadencia de la sociedad, aunque su presencia sea omnipresente en cada párrafo. La destrucción de una antigua sociedad nos ha traído hasta aquí y, quizá, sea otra destrucción la que consiga crear otra sociedad más justa y libre para todos. Bauman habla de Adorno como una bisagra, como el encargado a través de sus textos de establecer el puente entre una sociedad antigua y otra más moderna. De algún modo, opino que Bauman está realizando el mismo trabajo, pero negándose a caer en la visión pesimista (aunque profética) de Adorno. No podemos asegurar si Bauman se saldrá con la suya y si décadas más tarde se establecerá un paralelismo entre su obra y la de Adorno como profetas del cambio en las sociedades, pero aunque solo sea por la bondad y por la originalidad de su obra, ya se lo ha ganado.

Quiero pensar que no todo está perdido y que alguna vez llegaremos a un acuerdo, pero lamentablemente, me considero mucho más pesimista que Bauman. Dónde él pide bondad y humanidad, yo no puedo ver más que egoísmo y envidia. Una de las frases más contundentes, pesimistas y lapidarias del libro es “el alma del niño está asediada”. Ya he hablado de ella en otro post, pero creo que define perfectamente nuestra situación. Hace ya mucho tiempo que vendimos nuestra alma y ahora es demasiado tarde para tratar de recuperarla.

Enhorabuena para El Cinematògraf (y mucha suerte)

El mejor programa de cine que se emite actualmente (aunque no el de más difusión) es El Cinematògraf, orquestado por los compañeros Quim i Glòria (y los demás que me dejo). El programa, producido por Moviola Produccions se emite a través de Comunicàlia TV en múltiples emisoras de televisión de Catalunya, Illes Balears i Andorra y ya hace tiempo que defiendo su formato, sus contenidos, sus entrevistas y la profesionalidad con que suplen su escasez de medios.

Gracias a una nota de prensa me he enterado que los premios Zapping, que premian la mejor programación televisiva en catalán, los ha tenido en cuenta para una de sus categorias. Según ellos, el simple hecho de estar nominados como Mejor Programa de Actualidad Informativa, Reportajes y Entrevistas ya es un premio. Desde aquí solo les quiero dedicar toda la suerte del mundo para que se lleven el gato al agua y se compense el duro trabajo que semana a semana realizan. Existen muy pocos programas de cine en nuestras parrillas televisivas y El Cinematògraf es uno de los más rigurosos, serios y dignos espacios dedicados al séptimo arte.

Si vivís en Catalunya haced clic aquí para ver cuando y dónde podeis ver el programa. Si sois de fuera, no os perdáis los numerosos contenidos que cuelgan en Youtube.

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