El Increible Hulk , una grata sorpresa

Empecemos por el principio: The Hulk (Ang Lee, 2003) no era tan mala como muchos dicen ni fue un estrepitoso fracaso. Quizá es cierto que se quedó en medio de dos aguas entre el espectáculo exigido por la productora y la profunda reflexión comiquera esperada por los fans de X-men. Tenía tramos excelentes y trasladó de forma inteligente el formato de viñetas al lenguaje cinematográfico, algo que nadie más ha sabido hacer. Sí que es cierto que se perdía en una trama paterno-filial un tanto plomiza que no ayudaba y que las interpretaciones (no la de Bana sinó las de Connelly y SamElliott) no eran ninguna maravilla.

Una vez dicho esto, y contra todo pronóstico tras ver los pésimos trailers, debo admitir que este Increible Hulk del francés Louis Leterrier es mucho mejor que su predecesora. No tiene nada de deshonroso hacer una película de acción y mucho menos si se trata de una cinta sólida, con una narración coherente, un tempo maravilloso y unos efectos visuales apabullantes que, además, usa el sonido de forma inteligente (¿Oscar al canto?) y no como una excusa para hacer temblar la platea.

El título ya indica que no se trata de un Hulk 2 y desde los títulos de crédito se nos invita a releer el mito desde una óptica distinta. Este inicio marca a fuego una trama lógica y llena de sentido que no por espectacular resulta menos entretenida. Las escenas de acción no se dejan llevar por la pirotecnia y resultan sorprendentemente realistas en la físicidad de las colisiones. Tim Roth está soberbio, Edward Norton da el pego como acorralado Banner y Liv Tyler se aguanta mientras William Hurt se come la pantalla cada vez que asoma la cabeza.

En definitiva, creo que se trata de una cinta más que recomendable que supera a la pretenciosa Iron Man partiendo de la hoja de ruta de la Marvel: un uso aparentemente vacío de la acción que, en realidad, permite retratar las debilidades y fortalezas de los humanos. Por primera vez en toda la historia de las adaptaciones de tebeos, los cameos son divertidos y se integran en la trama (el de Stan Lee es portentoso) y, también por primera vez, pongo en duda la capacidad de The Dark Knight para convertirse en la mejor comic-movie del año.

Lo mejor: los guiños a la mitología del personaje y los constantes desafíos a cintas como King Kong
Lo peor: en un plazo de dos años sus efectos digitales estarán caducados

Tom Savini

El equipo artístico (director e intérpretes) suele ser la referencia más habitual a la hora de situar una película dentro de un contexto. Decimos "la última de este director o de aquella actriz". Esto hace que el equipo técnico (maquillaje, decorados, efectos especiales, sonido, efectos visuales, cámaras...) queda en un segundo término, obviando así el fundamental papel que juegan dentro de la producción de un filme. Para acabar con esto, arranco una serie de retratos de cineastas (un cineasta es alguien que se dedica al cine) que también debemos tener en cuenta. El primero fue, post-morten, Stan Winston y el segundo es -aunque le esté robando terreno al Terror Life de Blanch- Tom Savini.

Tom Savini fue durante los 80 y 90 la gran figura del maquillaje y los efectos especiales gore. Sus trabajos prácticamente siempre han ido ligados al cine de terror y fantástico y fue, quizá, uno de los grandes pioneros en el uso de maquillajes y prótesis sangrientas además de ser un excelente director de dobles de acción (otros grandes olvidados). Admite que fue su admiración por Long CHaney (quien creaba y se aplicaba sus propios maquillajes) lo que le llevó a convertirse en especialista en esta técnica y que fué su temporada luchando en Vietnam lo que le encaminó hacia el género del terror. El mismo explica en los audiocomentários de Night of the living dead (1990) que allí descubrió que la expresión de un cadáver es totalmente distinta a la de cualquier otro y que eso se debía transmitir también en el cine.

Vietnam le dejó fuera del rodaje de La noche de los muertos vivientes (1969), pero Romero lo recuperó en la mayoría de sus posteriores trabajos: Marty (1977), Zombie (1979), Creepshow (1982), El día de los muertos (1985) Atracción Diabólica (1988) y le dejó dirigir el remake del primer capítulo de la saga de los muertos vivientes, su gran obra maestra.

También es responsable de los efectos de Viernes 13 (1980), Maniaco (1980), La matanza de texas 2 (1986) y de obras menos Splatter pero donde la sangre también tiene importancia: Red Scorpion (1988), Killing Zoe (1994) o Ted Bundy (2001) su último trabajo en este campo hasta la fecha. Últimamente ha dejado el relevo en otros grandes como el gurú Greg Nicotero, quien también se merece un especial, y se ha dedicado a realizar apariciones como actor en algunas películas del género fantástico, algo que también hacía entonces. No cabe duda que sus apariciones en Knightriders (1981), Innocent Blood (1990), Abierto hasta el amanecer (1996) (aquí aparecian juntos Savini i Nicotero), Dawn of the dead (2004), Land of the dead (2005) o en el díptico Grindhouse (2007) son la vez guiño cinéfilo y un homenaje a una figura clave en el cine de terror de los 70, 80 y 90. No sé si a nadie más le pasa, pero cada vez que lo veo en pantalla le explico a quien quiera que esté a mi lado que "ése de ahí es Tom Savini", y es alguien a quien admiro, venero y (también) envidio. Un auténtico mito, aunque mi acompañante no entienda nada de nada.

Adiós a Stan Winston

A estas alturas lo ha dicho todo el mundo ya. Stan Winston ha muerto. Cuando lo leí me quedé de piedra, entre la sorpresa y la incredulidad. No me considero un mitómano y tampoco era fan declarado de Winston, pero sí que le he admirado desde hace mucho tiempo y lamento su pérdida.

Puede que ya sea el último de la fila y que lo que diga no supondrá nada nuevo, pero este es mi humilde homenaje.

Stan Winston es el mago de los fx, el gurú de los animatronics. Hay un montón de personal que se dedica a hacer efectos especiales y maquillaje, pero seguramente Winston, Savini y Harrihausen (que cumplirá 86 años la semana que viene) son mis favoritos. Cuando aún no me consideraba un cinéfilo devorador de informaciones de todo tipo y no era capaz de citar ningú técnico, el nombre de Stan Winston ya me era familiar. Ahí estaban sus Aliens (bajo el crédito de Alien effects creator), sus máquinas en Terminator 2 (terminator effects production), el monstruo de Depredador (creature design), La Cosa (additional makeup effects), Batman Returns (special penguin makeup & effects producer)... películas que adoraba cuando tenía 12 años y que habían sido posibles (y creíbles) gracias a su trabajo.

Como se puede apreciar, su importancia es primordial en el cine de las dos últimas décadas aunque siempre haya estado ligado a tareas de lo más variadas y, a veces, difíciles de clasificar. La lista es realmente apabullante e incluye obras tan dispares (pero tan dependientes de los FX) como Iron Man, La ísla del Dr. Moreau, I.A. Inteligencia Artificial, Congo, Instinto, Pearl Harbour... fue todo un maestro para toda una generación y un referente para muchos. Fue el Segundo artista de FX honorado con una estrella en el paseo de las estrellas y ganó 4 Oscars además de sumar 5 nominaciones más. Pero su mayor legado seguiran siendo, sin duda, las películas que ayudó a construir.






'El Incidente', otro rollo de Shyamalan

Tras el boom que supuso El Sexto Sentido y hasta el estreno de la excelente Señales, M. Night Shyamalan, era considerado como una figura clave dentro del cine comercial contemporáneo. Baste decir que fué apodado como El Nuevo Spielberg por la revista Newsweek (ehem) por su sensible acercamiento al género fantástico y por su apabullante dominio del formato audiovisual.

Pero después llegó El Bosque, una desmitificación de su própia filmografia a través de la negación todos los códigos que le hicieron famoso. La gente se sintió insultada al observar que el Final Sorpresa, que tras El Sexto Sentido se había convertido en un género por si mismo, podía ser también un final desagradable. Nadie entendió la jugada y se acusó a Shyamalan de tomar el pelo a los espectadores. Debo decir que, en mi caso, ya me olía el final a media película (Spoiler cantaba a la legua que la camisa de Brendan Gleeson no estaba tejida en la supuesta época en que arranca la cinta Fin del Spoiler) y opino que las cualidades estéticas de la cinta (fotografía, planificación, montaje...) hacen que valga la pena un segundo visionado. Pero después de ese tropezón vino algo mucho peor, la imperdonable La Joven del agua, una cinta ridícula donde no se salvan ni los efectos especiales. Y me trae sin cuidado que el director le contara ese cuento a su hija de pequeña. Si una película es mala lo es. Y esta es mala, pretenciosa, aburrida y pedante hasta decir basta.

Si nos fijamos en estos precedentes y en la sinopsis del Incidente, fácilmente podíamos intuir que se iba atratar de un nuevo error. Así pues, ¿qué es lo que ha propiciado que todos los medios de comunicación (especialmente los de Internet) se hayan dejado llevar por la euforia de un nuevo estreno de M.Night Shyamalan? Lamentablemente, el visionado de la película nos da la razón y el resultado es una ridícula trama que mezcla el temor a ataques terroristas con un ecologismo de pega.

No debemos menospreciar algunos elementos interesantes de El Incidente, especialmente la forma en que estan rodadas las escenas de suicidios y algunas imágenes de verdad estremecedoras. Pero la trama de supervivéncia resulta repetitiva y simplona y las interpretaciones de los personajes son poco menos que insoportables. Shyamalan vuelve a reincidir en los mismos referentes temáticos y visuales que ya hemos visto demasiadas veces y que acaban por no transmitir nada. Los planos larguísimos en que se sigue un minúsculo (pero primordial) detalle, los cerradísimos planos de los protagonistas como forma de diálogo primordial, la referencia constante a los medios de comunicación (Rádio y TV) y una planificación tramposa que crea amenazas donde, quizá, no las hay. Todo el metraje da bandazos entre lo magistral y lo ridículo y Shyamalan parece haber perdido el firme pulso que antes permitía separar una cosa de la otra.

No nos engañemos. Esta película es de lo más prescindible y a ratos parece orquestrada por un imitador antes que por el própio Shyamalan. Ni siquiera la fotografía del enorme Tak Fujimoto (habitual de Shyamalan pero también responsable de El Silencio de los corderos, Gladiador o Malas tierras) ni la imprescindible banda sonora de James Newton Howard (lo mejor de toda la película) consiguen salvar la función. Deberemos esperar a ver el siguiente movimiento de Shyamalan pero, de momento, sus películas mediócres ya empiezan a superar a sus grandes trabajos. Mucho cuidado.

Lo Mejor: su banda sonora
Lo peor: las interpretaciones


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'Hacia rutas Salvajes'. Excelente cine de aventuras

A menudo, y grácias al cine, imaginamos que eso de vivir aventuras es un pasatiempo de fin de semana. Pensamos que sería interesante volar a exóticos parajes y dejar de un lado las ataduras que nos atrapan en nuestro lugar de trabajo, en nuestro barrio, en nuestra família... pero seguramente no somos conscientes de lo que supondría realmente esa ruptura con nuestra vida diária y de lo implicaría tanto para nosotros como para los que conocemos.

Esto es, en parte, lo que propone Sean Penn en su último trabajo tras las cámaras, el seguimiento a modo de documental de un chico que decide romper con su vida en sociedad y lanzarse a la aventura de la vida autentica. Y el resultado es una hermosa y estimulante cinta que, a pesar de su pesimista último tramo, destila un contagioso sentimiento de libertad. Quizá deberíamos tratar al Penn director con un poco más de respeto, teniendo en cuenta que Clooney ya se lo considera un clásico mientras que al actor de Mystic River se le sigue viendo como un actor que dirige películas.

Hacia rutas salvajes es una cinta estimulante y trepidante. Avanza durante prácticamente todo su metraje de forma acelerada, combinando acontecimientos presentes, pasados y futuros de forma magistral y creando un discurso complejo y poliédrico. Pero, como he dicho, llega un punto en que la película relaja el ritmo y se vuelve pausada y más reflexiva que expositiva. A esto se le debe añadir un metraje excesivo de más de dos horas y una estructura que puede resultar (quizás) un tanto repetitiva. Realmente no se trata que el último tramo sea malo, pero el director debería haber invertido más tiempo en preparar una buena transición para que la frenada final no sea tan brusca.

A pesar de estos pequeños (pero importantes) inconvenientes, Hacia rutas salvajes es una cinta soberbia. Su director consigue ensamblar un producto excepcional, con unos paisajes espectaculares, un montaje asombroso y unos actores en estado de grácia. Conviene destacar el gran trabajo de Emile Hirsch, quien no para de sumar excelentes interpretaciones en películas de lo más varopintas (Los amos de Dogtown, Alpha Dog, La chica de al lado, Speed Racer...).

Una vez más, Penn ofrece la radiografía de los entresijos del alma humana cuando entra en contacto con situaciones límite. Se trata de una temática argumental que parece obsesionarle desde que rodó, en 1991, su primera película, Extraño vínculo de sangre. Y una vez más, consigue demostrar que cuenta con una voz própia y con un estilo personal que no se ve influenciado por modas tendéncias u opiniones ajenas. Y eso es algo de lo que no todos los directores actuales pueden presumir.

Lo Mejor: todo lo referente a la puesta en escena
Lo peor: su excesiva durada.

'Videodrome': reflexión sobre el discurso visual

David Cronenberg ha declarado en numerosas entrevistas a lo largo de su carrera que, para él, el hecho de rodar una película es algo así como un proceso filosófico. Lo importante es el mismo hecho de realizar un trabajo, el proceso, y no tanto su posible aceptación por parte del público o crítica. Prácticamente todas sus películas son irreflexiones sobre la condición humana y sobre la construcción del yo a través de múltiples mecanismos, sean estos inherentes o externos a la persona. Esta reflexión suele ser un elemento subterráneo que yace oculto bajo una trama fantástica o de intriga pero, en ocasiones, el discurso filosófico es el eje vertebrador sobre el que se aglutina toda la película y que marca ferreamente la estructura de la cinta.

Uno de estos casos es Videodrome, del año 1983, y que se puede ver como un preludio de la posterior Existenz. En ambas cintas, Cronenberg reflexiona sobre el papel que tiene la imagen a la hora de estructurar el mundo que nos rodea. La imagen es el instrumento central de un director a la hora de transmitir un mensaje y se puede entender como un sinónimo de realidad incluso cuando lo que se retrata es ficción. Videodrome muestra esto a través de una trama que mezcla realidad y ficción constantemente. Al principio de la cinta Cronenberg nos guia haciéndonos ver qué es real y qué no, pero a medida que avanza la trama, nos damos cuenta que todo podría ser una gran ficción articulada dentro de la mente de Max Renn (James Woods). Las visiones horribles se entrometen el mundo real del protagonista haciendo que sueñe despierto y que se sienta realmente vivo únicamente mientras duerme.

Cronenberg vuelve a reincidir en elementos que se convertirán en su marca de fábrica: fusión de carne y materia inorgánica a través de la nueva carne, tendencias sadomasoquistas para conseguir un hiperrealismo que acabe con el tedio cotidiano y personajes inmersos en un infierno moral del que solo es posible escapar a través de la violencia. Además plantea temas que siguen poniéndose sobre la mesa cada vez que se debate sobre televisión: ¿puede crear adicción la televisión? ¿es posible discernir entre realidad y ficción cuando se trata de discursos audiovisuales? ¿se deben prohibir ciertos contenidos de violencia o sexo? La cinta que nos ocupa es de 1988, época en que el vídeo auguraba una nueva era en la percepción de los medios gracias a sus posibilidades de edición y reescritura. A pesar de lo que ha llovido desde entonces y del auge de nuevas tecnologias, Vidodrome no requiere revisión alguna por ser sorprendentemente profética sobre hacia donde han ido los medios actuales. Rodada hoy, el retrato sería igual de pesimista y lúgubre.

No es esta una película fácil de digerir. Contiene imágenes turbadoras que no provocan terror pero sí un desasosiego que se hace creciente a medida que avanza el metraje. La imaginería visual de Cronenberg muestra yonquis catódicos, mutaciones que permiten reproducir cintas de vídeo en nuestro propio organismo, seres humanos convertidos (literalmente) en armas y femmes fatales que nos pueden seducir y amar desde la pantalla del televisor. Quizá toda la desventura de Woods no sea más que un delirio que intente justificar su venganza y su incoherente filosofía, pero lo que queda es un regusto amargo sobre nuestra sociedad y sobre nuestras formas de comunicación. Sea o no sea realidad, y como decíamos al principio, lo importante del cine de Cronenberg no es resolver el significado final de su intencionalidad, ni decidir si se trata de un relato lógico o atractivo. Lo que importa es el proceso. Y en este caso es un proceso lento y doloroso hasta la extenuación.

Lo mejor:
Las mutaciones
Lo peor:
Un ritmo alarmantemente lento

'Cloverfield'


Es común que cuando arranca un proyecto se le ponga un nombre provisional (baste recordar que la nintendo wii se llamaba Revolution y que la N64 se llamaba Dolphin). A veces, y ese es el caso de Cloverfield, una película se queda con el nombre del proyecto. Pero que a nadie se le ocurra nada mejor y que Cloverfield signifique literalmente Campo de Tréboles no implica que yo tenga que titular el post con un nombre tan gilipollas como Monstruoso. Si hemos podido sobrevivir con Blade Runner y Black Snake Moan también podremos sobrevivir con Cloverfield. Y una vez aclarado esto, volvamos a lo que interesa.


A Hollywood le encanta eso de remakear películas europeas que han tenido éxito y uno de los últimos ejemplos es el de REC de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Quizá no se han dado cuenta que la misma premisa que tuvo REC y que se reflejará en Quarantine ya la encontramos en este Cloverfield. La película está rodada con el mismo formato que la de Balagueró y muestra a través de la estética y el ritmo de una película casera, una situación própia del cine de grandes estudios. Pero en esta ocasión, el director Matt Reeves va mucho más lejos y muestra como Nueva York cae bajo el ataque de un imposible monstruo.

Siempre intento analizar el cine de forma racional, justificando mis opiniones pero, en este caso, la propuesta es tan impresionante que no he tenido más remedio que rendirme ante ella. Quizá a tren pasado sea fácil reprocharle algun exceso de fantasía o huecos en el guión. Resulta imposible que alguien que no sea un reportero pueda reflejar tan bien la realidad y se nota que la película debe parte de su efectividad a la posterior edición de kevin Stitt. Pero las escenas estan tan bién rodadas que resulta imposible no dejarse llevar durante su cortísima durada. Los efectos especiales son excelentes, las actuaciones creíbles y la sensación de horror y de pánico que transmite es apabullante. La grabación amateur genera una atmósfera espectacular sin principio ni fin, sin trama visible, borrando antiguos recuerdos a medida que avanza en un poético montaje paralelo. Pero, además, contando con monstruos descomunales, ejércitos en lucha, tanques, barricadas y cientos de extras moviendose a toda prisa por el escenario.

Hacía tiempo que el cine de monstruos americano no ofrecía nada bueno. King Kong, Godzilla, Mandíbulas, Anaconda o Deep Blue Sea son ejemplos de que algo estaba realmente encallado en este terreno. Y no es casual que quien haya conseguido desencallarlo sea J.J.Abrams, un tipo obsesionado con revolucionar el medio audiovisual. Después de dar una patada al enquilosado género televisivo con Perdidos ha decidido llevar el cine un paso más allá. De hecho, podemos decir que, en síntesi, y más allá de las formas, tanto la película como la série hablan de lo endebles que resultan nuestras percepciones sobre el mundo. De un día para otro, todo aquello que creíamos conocer se desmorona sin darnos tiempo a comprender las razones. Lo ireal se hace presente en medio de nuestra rutina y debemos aceptarlo sin más, sacando a relucir lo que llevamos dentro. El cine de zombies lleva décadas alimentándose de esta idea pero Abrahams lo hace con estilo y, nos guste o no, creará una escuela y generará montones de imitadores.

Lo peor: que habrá una segunda parte
Lo mejor: todo lo demás

'La niebla', añorada Serie B


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Frank Darabont consiguió el respeto que hoy ostenta en Hollywood gracias a Cadena Perpetua (1994) y a La Milla verde (1999), sobrias adaptaciones de novelas de Stephen King que tocaban poco o nada la temática fantástica. Después del fracaso que supuso The Majestic (2001), muchos creímos ver en esta Niebla un retorno a terrenos más seguros, pero los primeros veinte minutis de cinta muestran que la intención del director no es, ni mucho menos, la de repetir viejas rutinas.

La película está mucho más cerca de El Terror no tiene forma (1998), de Chuck Russell y con guión del própio Darabont, que de los dos trabajos citados. Encontramos el mismo punto de partida absurdo, los mismos monstruos irreales, efectos especiales imposibles, personajes que son poco más que caricaturas y, en definitiva, el mismo tono de serie B que ya homenajeava la cinta de Russell.

Así pues, las diferencias que hacían de aquella una película simpática pero mediocre y de esta una obra excepcional no son temáticas sinó tonales. La Niebla no hace ni picza de grácia y las pocas notas de humor provienen, precisamente, del reconocimiento por parte del espectador de los codigos cinematográficos tópicos en las situaciones y personajes que aparecen en pantalla. Nos encontramos ante un pesimista retrato sobre la condición humana donde lo importante no es quién nos invade sino como reaccionamos ante una amenaza externa y que no podemos controlar. El actor Tomy Jones dice en una escena: "pon a dos hombres en una habitación y pronto encontrarán algo sobre lo que discutir". Y eso es lo que pasa dentro del frágil supermercado donde se atrincheran los personajes. No conviene desvelar la trama, pero podemos decir que si todos los personajes hubieran hecho un esfuerzo por trabajar juntos, nadie habría salido malparado. Pero los errores imperdonables que cometen una y otra vez hacen que vayan caíendo como moscas y los llevan a vivir un auténtico infierno.

Incluso el espectador, que acepta aquello que propone el protagonista (excelenta Thomas Jane) y rechaza la opinión de la señora Carmody (aún más excelente Marcia Gay Harden), se vé obligada a cuestionarse su voto de confianza al llegar a un final desoladro, cínico y cruel. Un final tan desconcertante como el de En la boca del miedo, de John Carpenter, y que demuestra que Darabont los tiene muy bien puestos.

La fructífera obra de Stephen Kint ha propiciado buenos filmes como El Resplandor, Cujo, Carrie, Cuenta Conmigo, Creepshow, La zona Muerta... pero también bodrios incontestables como The Tommyknockers, Miedo Azul, Thinner, The Langoliers... y, curiosamente, es en este segundo sector donde mejor encaja La Niebla. Y es que, no nos engañemos, no se trata de una pomposa reflexión alrededor de un género como la que hizo Tarantino en Death Proof. Darabont es inteligente y arriesga mucho, muchísimo, al tejer un discurso incómodo y radical, pero realmente La Niebla ES una película de serie B. Aunque en honor a la verdad, hay que decir que es la mejor película de serie B que hemos visto en décadas.

Lo Mejor: el atrevimiento de su director
Lo Peor: no ganará con un segundo visionado


'La Matanza de Texas 2'

Cuesta encontrar en esta continuación de La Matanza de Texas (1974) los elementos que hicieron de la primera parte un hito del cine de terror contemporáneo. Si bien es cierto que existe un abismo cualitativo entre ambas, también es cierto que las dos cintas tienen tonos e intenciones totalmente diferentes, por lo que, seguramente, no seria justo juzgarlas de la misma forma. Mientras que la primera es un claro ejemplo de cinta de terror seco y sin concesiones, la segunda es una voluptuosa diversión pop que mezcla el horror y el humor sin ningún tipo de vergüenza.

Los primeros 20 minutos de metraje ya nos podrían servir para establecer una separación clara entre ambas cintas. Durante su primer ataque, Leatherface abandona de un plumazo toda la carga trágica y de pesadumbre que arrastraba en la película original y, de pronto, le vemos saltando y gritando encima de un 4 X 4 y ataviado con un traje-cadáver.

Además, en su ataque le cercena la cabeza a un pobre desgraciado que va en el coche vecino y el resultado es una buena dosis de gore de mano del maestro Savini. En la anterior cinta, no solo no había gore sino que prácticamente no había atisbo alguno de sangre. Esto es lo que, en mi opinión, hizo perdurable la cinta. La ausencia de efectos especiales ceñía la película a una estética totalmente realista y le confería consistencia y veracidad. Eso, unido a un inteligentísimo uso del sonido, es lo que la convirtió en el clásico imperturbable que es hoy

Aquí, en cambio, todo destila un cierto aire de incredulidad. Es increíble el personaje de Hopper, la trama de investigación policial hace aguas por todas partes, el hermano de Leatherface es una parodia ambulante, hay agujeros en el guión imperdonables y el plano final, imitación de la escena que finiquitaba la Matanza 1, es decididamente patético.

Pero debo decir que, a pesar de todo lo que he dicho, se trata de una gran película. Si durante el primer tramo me sentí un tanto engañado y me preguntaba qué demonios estaba haciendo Hooper, a partir de la entrada de los personajes dentro del bunker, todo empieza a funcionar extrañamente bien. Es a partir de ese momento cuando el director muestra su grandeza al parodiarse a si mismo de forma insistente. Dos planos durante la escena de la radio (Leatherface saliendo por una puerta sierra en ristre y un asesinato a base de martillazos) imitaban momentos de la cinta anterior, pero en el tramo final todo se hace más evidente. Tenemos la cena, aderezada al enfermizo ritual del abuelo matarife. También tenemos las escenas de disección pero aquí abandonan su tono semi-documental y se convierten en grotescos chistes sobre canibalismo. Y la relación entre Leatherface y la pincha discos es tan divertida como perversamente insoportable. De hecho, tener a Dennis Hopper en el casting ya es un gag por si mismo.

Una década separa ambas películas y fue una década clave en el cine de terror, pues si La Matanza instauró un paradigma dentro del cine de terror, en los 80 se crearía otro muy distinto con películas que demostrarían que una cinta de miedo también podía hacer reír. Antes de que Tobe Hooper se pusiera al frente de La Matanza 2, tuvimos Gremlins, Posesión Infernal, Re-animator, El Vengador Tóxico... Incluso el Hooper presentó La Casa de los horrores un slasher pasado de rosca que ya contenía algunos de los elementos que aparecen en ésta cinta y que Rob Zombie aprovechó para su Casa de los 1.000 cadáveres. Estaba claro que la nueva época imponía un acercamiento distinto al mismo tema y, seguramente, el padre de la criatura prefirió marcar él mismo el camino antes de ceder el producto a otros.

Hooper seguía en forma y, aunque no lo parezca, esta cinta esconde un oscuro discurso sobre la sociedad norteamericana. Muchos son quienes veían en la primera parte una dura crítica a las fuerzas de la seguridad de un país, incapaces de detener aquello que ocurre a la vuelta de la esquina, pero aquí eso se hace mucho más evidente cuando El Sheriff Hopper debe enfrentarse a la policía del condado para seguir con sus pesquisas. Por otro lado, la imagen de la familia de asesinos fortificados bajo tierra es una metáfora estupenda de lo que ocurre al otro lado del Atlántico. Ese mito de la lucha americana que es El Álamo, no solo es un decorado que se erige sobre materiales vacíos e inconsistentes sino que, además, esconde en su interior a unos auténticos monstruos que se codean con la élite de la sociedad (los medios de comunicación y la política) al tiempo que demuestran como de perverso puede ser el culto a la familia. Se puede ser más sutil pero no más divertido.

Y para quien aún tenga dudas sobre si este trabajo del amigo Tobe se trata de una metedura de pata o de una auténtico chiste a costa de su propio mito, aquí va una imagen que no deja lugar a dudas. La Matanza de Texas 2 se estrenó solo un año después de El Club de los 5 y, por lo tanto, no hay duda de quién plagia a quién:

Ràdio Metropol 04 juny 2008

Ja podeu escoltar la nova edició de Ràdio Metropol, de Montcada Ràdio, el programa on participo.

(Un clic a la foto us obrirà l'audio amb Windows Media Player)


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