'ORO NEGRO' El negocio del café

Vuelvo a la carga después de una semana desaparaecido. Durante estos días he estado en la Universidad, asistiendo a la III Setmana de la Cooperació dónde a través de ponencias, exposiciones, talleres, debates, conferencias... y también un poco de cine, hemos debatido sobre el comercio. No voy a entrar a relatar ahora todo lo que se ha hablado pero sí que me gustaría hacer un pequeño comentario sobre uno de los documentales que vimos: Oro Negro, dirigida por Marc i Nick Francis.

A través del viaje que realiza el café desde los campos de Etiopia hasta nuestras casas, Oro Negro muestra el gran abismo (cultural, social, económico y político) que separa los países del Norte y los del Sur. O mejor dicho, los países ricos y los pobres. Es una película espeluznante donde se consigue transmitir toda la injusticia de un sistema económico podrido que permite que unos mueran de hambre (literalmente) mientras las grandes empresas multinacionales se enriquecen y que nosotros lo legitimamos mediante el consumo.

Después de la proyección se inició un debate sobre la película que me gustaría mostraros. Debido a que venía precedida por una gran propaganda, la sala de cine estaba llena, pero al finalizar la cinta (para mi sorpresa) algunos dijeron que se esperaban más, pues "no muestra el proceso del café en su totalidad" ni es demasiado "crítico". Realmente creo que la gente esperaba algo como Bowling for Columbine o cualquier producto post-Michael Moore. No nos engañemos, querían espectáculo par poder decir: “oh, que fuerte”.

En cambio lo que ofrece Oro Negro es una sutil historia que transita pausadamente por sus imágenes sin sobresaltos. La música es tranquila y languidece a lo largo de todo el relato. No hay movimientos bruscos de cámara ni zooms a toda velocidad ni golpes de efecto ni (para entendernos) redobles de tambores. Sin embargo creo que es ahí donde radica la grandeza de esta cinta. El hecho de saltarse gran parte de la cadena de producción-distribución aumenta la sensación de que detrás de este mercado se esconde una peligrosa mano que lo controla todo. Además, deja aún más claro la división entre esos dos mundos. No nos engañemos, en este caso no existen tonos medios y sí hay Bueno/Malo o Justo/Injusto.

De hecho encuentro este trabajo mucho más sincero que el de otro de los documentales que vimos, China Blue, que retrata la situación de las chicas que cosen nuestros jeans desde China y en condiciones deplorables. Este otro documental se ha pasado ya por algunas televisiones y, a pesar de ser muy interesante, opino que no juega limpio con el espectador al usar algunos elementos de sonido e imagen un tanto tramposos. Todo el documental está narrado en off por una chica que entra a trabajar en una fábrica de pantalones. Este off está extraído del diario que ella escribió y está narrado por otra persona distinta. En ocasiones vemos imágenes de cuando ella dejó su pueblo que no creo que fueran grabadas en el momento real sinó mucho después. Y, lo que me parece más grave, es que abusa de algunas convenciones del lenguaje cinematográfico que en ocasiones nos pasan por alto.

Me refiero, sobretodo, al uso del plano-contraplano. Existe una escena en concreto en que uno de los encargados riñe a la chica y tenemos la imagen de sus rostros en primer plano combinadas con una imagen mucho más lejana. Se trata de dos planos de unos segundos, pero me atrevería a decir que requirieron un doble rodaje (como la escandalosa escena entre Moore y Heston en Bowling), con todo lo que ello implica de falseamiento de la Realidad.

Vuelvo a insistir, no es que China Blue sea una mala película, de hecho es muy recomendable, pero creo que debemos andarnos con cuidado a la hora de valorar este tipo de películas.

En definitiva, recomiendo intensamente recuperar como sea el documental Oro Negro, un gran documental que pese a su puesta en escena tranquila y reposada ofrece un retrato atroz de una realidad que muchas veces no queremos ver. Cabe destacar que mi opinión estaba preparada por llevar tres días discutiendo sobre el tema, pero de lo que no cabe duda es que las cuatro empresas que se reparten un 70% del mercado del café - Procter & Gamble, Nestlé, Sara Lee y Phillip Morris- tienen las manos manchadas de sangre y deberíamos tener presente a quién le compramos café y de donde proviene.

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