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Bukowski (II): 'Barfly' VS 'Factótum'

Barbet Schroeder estaba empeñado en rodar una película sobre Bukowski y, como ya eran medio amiguetes, le pidió al escritor que se encargara del guión. La película se tituló Barfly (aquí El Borracho) y el autor no adaptó ninguna de sus obras publicadas aunque podría haber encajado perfectamente en medio de sus cuentos (semi)biográficos. De hecho, algunas de las escenas me suena haberlas leído. Bueno, sea como sea,Bukowski escribió el guión y dijo que quería a Sean Penn como actor protagonista. Éste dijo que unicamente lo haría si Dennis Hopper era el director y Buk dijo que nada, que el director era Schroeder. Y el actor escogido para interpretar a Henry Chinaski ( alter ego de Bukowski) acabó siendo... Mickey Rourke. Y ese es, seguramente, el único problema de esta cinta.

La interpretación de Rourke es pésima. Seguramente se encontraba en algún momento bueno de su carrera y anda por la escena como si fuera Marlon Brando o algo así. Sobreactúa, grita, camina de una forma extraña... en teoría imita al escritor de música de cañerías pero no se parece en nada.

Casi 20 años después, en 2005, se rodó Factótum, escrita y dirigida por Bent Hamer. En esta ocasión, como su propio nombre indica, se trata de una adaptación de la novela homónima, publicada en 1975. Allí, todo el peso de la película recaía sobreMatt Dillon , haciendo una interpretación mucho más acertada. Quizás no se trate de un papel camaleónico, no se parece demasiado al escritor pero sí que se trata de una buena interpretación.

Ahora bien, ¿qué película es mejor? ¿cual transmite de una forma más eficaz la prosa de Charles Bukowski? sin duda la primera. Factótum hace un esforzado traslado del universo bukowskiano. Se mueve, al igual que la mayoria de textos del autor, en un terreno pantanoso entre el retrato más realista y un ambiente de fábula, casi surrealista. Además, cabe destacar el interesante diseño de producción. Jamás sabemos a ciencia cierta si es actual o corresponde a Los Angeles de hace dos décadas. Hay coches modernos, pero es como si todo se hubiera detenido hace años. Esto también se puede decir de los textos deBukowski: tienen el mismo tono, fondo y contenido tanto si están escritos en 1960 como si se trata de los últimos que publicó el autor.


Pero Factótum carece de algo que sí tiene Barfly y es el auténtico estilo Bukowski. Me explico. La película de Matt Dillon da pié a que todos los detractores del autor puedan seguir criticándolo: que si es un borracho, que si pega a las mujeres, que si es un misógino, que si se repite... todo lo que queráis. Las formas son las mismas. Pero Barfly consigue sacar a relucir algo más. Al igual que en sus novelas o textos breves, tras la forma, tras la suciedad, se esconde algo que florece cuando a) nos fijamos detenidamente en el lenguaje -cosa difícil si tenemos en cuenta la velocidad que imprime el autor a sus textos- o bien, b) si leemos muchas obras del mismo autor. Sí, se repite, pero transmite un sentimiento único y sincero que es lo que, creo, consigue enganchar a susfans. ¡Nadie que haya leído La senda del Perdedor puede decir alegremente que Bukowski es un frió rufián sin sentimientos!

Barfly, insisto, pese al estúpido acercamiento del actor protagonista, termina dejando un suculento sabor de boca. Agridulce, por supuesto, pero no tan radicalmente destructivo como el de Factótum. En ese bar de mala muerte (me refiero a la cinta de Schroeder, Factótum también acaba en un antro) se respira serenidad, orgullo, camaradería y, si queréis, libertad. Y eso es lo que defendió a capa y espadaBukowski durante toda una vida dedicada a la escritura.


Por cierto, del desengaño de Barfly surgió la novela Hollywood, donde Bukowski retrata magistralmente los entresijos de esa destructiva maquinaria que es Hollywood. Aunque cambie los nombres, todos los implicados en la cinta están ahí, férreamente retratados por Bukowski. Imprescindible.

Bukowksi (I): 'Born Into This'

Me encanta Charles Bukowski y aviso que en el próximo post volveré a hablar sobre el escritor, en ese caso sobre adaptaciones cinematográficas. Pero antes, quisiera recomendar un excelente documental sobreBukowski llamado Born into this, me ha costado lo suyo llegar a verlo pero vale la pena.

No sé qué pensarán de este documental aquellos que no conozcan la obra del autor, pues no cabe duda que es un producto para fans. Born Into This hace un repaso de toda la obra publicada por Bukowski de forma cronológica -de los escritos underground hasta sus últimas novelas- a través de distinto material de archivo y declaraciones de gente que lo conoció. La verdad es que el ambiente es el de una reunión deamiguetes , todos hablando de un desaparecido colega. Se respira camaradería, respeto y admiración. Desde luego eso se transmite al espectador, quien consigue profundizar en la figura deBukowski y ver que, efectivamente, todo aquello que él escribía tenía que ver con su vida cotidiana.

Los extractos de vídeo son impresionantes. A veces, este tipo de recopilatorios resultan aburridos, repetitivos e insolentemente vacíos de contenido, pero el director, John Dullaghan, consigue elegir lo mejor de cada casa y sintetizar en dos horas un montón de material. Encontramos entrevistas de televisiones europeas y americanas, fragmentos de otros reportajes realizados por directores como Taylor Hackford y Berbet Schroeder y declaraciones de todos aquellos que le conocieron, incluyendo sus mujeres, sus amigos, sus compañeros y su hija.

El documental tiene un aspecto muy cuidado. Pese a ser una suma de declaraciones y citas, funciona bastante bien. Tiene un buen ritmo y un cuidado diseño que fusiona la imagen pura de lo que vemos con las propias palabras de la obra del autor. No solo las oímos, enoff, sino que las leemos escritas sobre la pantalla, conviviendo con el propio autor y con los que le rodean, siguiéndolo en sus paseos por los barrios de Los Ángeles.

Resulta interesante el trato con que el documental se acerca a la figura. No hay encuadres raros, no existe la sensación que se esté forzando a nadie a hablar. simplemente es el mismoBukowski quien explica todo aquello que le preguntan, tanto si se trata de hechos felices como si son los momentos más dolorosos (su infancia en manos de un padremaltratador o el recuerdo de un amor del pasado). Tampoco se recurre a la pretendida (y siempre falsa) objetividad del documental. Se nos muestra un vídeo de Bukowski en que se comporta de forma violenta con Linda y es esta misma quien comenta las imágenes, lo que ocurrió y lo doloroso que era saber que todo aquello estaba siendo registrado por las cámaras. Es un punto a favor del director saber tratar todos los distintos aspectos de la vida del autor sin caer en blancos y negros, sino sabiendo balancearse de forma equilibrada en todos aquellos puntos clave de su vida y su carrera, fueran buenos o malos.

Born into this reivindica con insistencia (quizás con demasiada) la importancia de la obra de Bukowski. Sé que no es la lectura académica por excelencia, pero tal vez ahí es donde radica su importancia. Como dice Tom Waits en el documental, la gracia es que tienes que descubrirlo, es como algo oculto o un tanto prohibido. Desde luego habla de su infancia, décadas atrás, pero aún hoy encuentro que sus libros tienen algo de alternativo, de fuera del circulo masivo de lecturas. Y por eso resultan tan suculentos.


Lo mejor: el acercamiento a la faceta más personal de un maravilloso autor
Lo peor: falta la visita al Apostrophes del prepotente Pivot


Doblones de a ocho y una botella de ron: 'La isla del tesoro'

Resulta interesante recuperar obras clásicas de la literatura (a pesar de lo pomposa y aburrida que resulta esa etiqueta). A menudo, leer obras de aventuras del siglo XIX o principios del XX resulta exasperante por su ingenua forma de tratar la violencia y las relaciones personales y por lo retorcido de su lenguaje. Tampoco ayuda que todas estas novelas hayan sido llevadas varias veces a la gran pantalla, lo que provoca una fuerte contaminación que hace imposible olvidar las adaptaciones de Los 3 mosqueteros, Robin Hood, El principe valiente, Sherlock Holmes, Colmillo blanco, el libro de la selva...

Pero también hay casos en que sorprende que una novela que lleva escrita más de 100 años sea, aún hoy, atrevida, violenta, cruda, divertida... interesante en definitiva. El año pasado descubrí (a buena hora) La quimera del oro y La llamada de lo salvaje, dos obras de London que, desde entonces, forman parte de mi librería y que defiendo a capa y espada como dos de las más duras y realistas historias jamás narradas. Por mucho que haya llovido y por mucha violencia que hayamos podido asimilar a través de la tele o de los videojuegos, el pesimismo de London y su maravillosa escritura siguen calando hondo.

Ahora he recuperado La Isla del tesoro, una historia maravillosa que, en mi opinión, quizá no llegue a la altura del mejor London pero que se mantiene estoica como una excelente novela. Su principal punto a favor es que, al contrario de lo que ha pasado con el género de los bucaneros en la literatura, el cómic y el cine posterior, se aparta de los habituales tópicos para narrar una historia realista, sobria y tan divertida como instructiva. ¿Quizás sea por eso que los profesores estropean el libro obligando a los adolescentes a leerlo?

En la película Piratas del Caribe vemos la imagen clásica de lo que todos creemos que es un pirata. A pesar de algunas escenas interesantes en las que se muestra su contexto social (las alianzas de poder y la importancia del código del pirata), lo que prima es el cliché, la lucha, el heroísmo desmedido, la mitología... Nada de esto venía en esta novela que, imagino, debe ser el referente principal a la hora de abordar el tema.

Robert Louis Stevenson muestra el pirata como alguien real. Sus amputaciones y cicatrices no demuestran que sea un bucanero, pues también son compartidas por otros hombres de la mar, así como su afición por la bebida y la espada. Tampoco es creíble la visión del lobo solitario, ya que tras un capitán de navío siempre debe haber una tripulación, hombres que no siguen a pies juntillas a su líder sino que cuestionan su papel como cabecilla. La tripulación tiene derecho a unirse (llamémosle amotinarse) y pedir la destitución de su capitán en caso que no cumpla con su deber. En definitiva, existe un rígido código que se debe respetar por todo aquél que gobierne un barco y si alguien lo infringe, pagará por ello. Y, por último, también los doctores y los ricos caballeros sueñan con rescatar tesoros enterrados.

A menudo se confunde la Aventura con un cúmulo de escenas violentas, a veces irreales, que se suceden en todo momento sin dejar espacio al dialogo o a la reflexión. En La Isla del Tesoro se demuestra todo lo contrario: el viaje exótico, el uso de armas, la violencia no son más que ingredientes que pueblan una historia de personas humanas que ríen, lloran y sueñan. El pirata no es un estúpido adicto a los problemas sino alguien que, aunque elija para ello un camino ilegal, sueña con conseguir una vida mejor.

La novela retrata un grupo de personajes que se han convertido ya en clásicos. Hawkins es el primero, como emocionado narrador, pero también el capitán Spollet, Long John Silver, Billy Bones, Israel Hands, Ben Gunn... y lo mejor de todo, insisto, es que se comportan como personas reales y poliédricas alejadas del tópico. La acertada traducción de la edición que ha caído en mis manos (Anaya/ El País. 1998) explica a través de sus notas como todos los grandes mitos que hemos creado alrededor de la piratería son, muchas veces, personas de carne y hueso. Stevenson llena la novela de nombres y apellidos reales como Edward Teach (Barba negra), John Benbow (auténtico almirante británico), el Barón Edward Hawke, el pirata Edward England, el capitán Bartholomew Roberts, William Kidd...

No soy un gran conocedor de la literatura sobre piratas ni sé si la figura de Stevenson era la de un pionero o un recuperador del género, pero lo que sí queda claro leyendo La isla del tesoro es que su intención era la de ofrecer un relato que traspirara realismo y que eso le sirviera de base para izar una suculenta historia de superación.

Lo mejor: que descubrimos de donde procede el mito de Davy Jones y sabemos que significa realmente ‘pasar a alguien por la quilla’
Lo peor: el lastre que suponen para la trama algunas descripciones demasiado detalladas

'El curioso incidente del perro a medianoche'. Joya de la literatura

Antes de nada, dos consideraciones personales sobre literatura
1. La ficción puede mostrar la realidad que nos rodea igual de bien que el ensayo. Ergo, también es posible debatir / reflexionar sobre una novela igual que sobre un informe. (Yani, iba por ti)

2. Los libros a la última moda de autoayuda (Bucay y compañía) no tienen nada de Auto porqué vienen dirigidos por el autor. Las novelas normales y corrientes sí que permiten una Auto-Ayuda porqué cada uno extrae de sus páginas aquello que le sirve y lo usa como mejor le conviene. (Yol, esta es para ti)

Dicho esto, hay que reconocer la capacidad de la novela El curioso incidente del perro a medianoche para obligarnos a recapacitar sobre nosotros mismos, sobre aquello que nos hace actuar de una determinada forma y sobre nuestras autoimpuestas limitaciones. En la novela de Mark Haddon, asistimos al viaje de Christopher, un chico con graves problemas para relacionarse con el mundo, que consigue superar un montón de fronteras en pos de un sueño.

Y (ahora esto es para todos los que odien los libros con moralina) a pesar de todo lo que he dicho, se trata de una novela excepcional, divertida y emocionante. Además es corta y estoy seguro que la podréis encontrar en cualquier biblioteca. [Bueno... vale... y si no, haced link a Pulso Digital]

Todo el libro está escrito en primera persona, siguiendo las reflexiones y actuaciones de Christopher. Esto obliga a repensar todo lo que sabemos sobre la realidad, la ecuación, el lenguaje, y la comunicación para adaptarlo al punto de vista de un niño autista. A través de sus ojos podemos ver como todas nuestras actuaciones diarias se ven condicionadas por nuestra pertenencia a una sociedad determinada o a un grupo social. Nada es voluntario y todo depende de aquello que hacen / piensan / opinan los demás, ya sea en la familia, en el colegio, en la calle o en el trabajo.

El mensaje final del libro, o al menos el poso que ha dejado en mí, es que a menudo nos ofuscamos por cosas que se pueden resolver más fácilmente de lo que creemos y que nada es tan grave como parece. Cuando tenemos un problema somos incapaces de ver lo que tenemos delante y de descubrir qué hay más allá de una serie de fronteras mentales. No vemos que, con un poco de esfuerzo, valor y agallas podemos alcanzar cualquier meta que nos propongamos.

...Ya sé que muchos empezáis a abandonar la idea de leeros el libro, pero opino que el gran acierto de Haddon es mostrar este viaje de Christopher no como algo fantástico sino como una aventura creíble y tangible, en la que todos nos podemos reconocer y que podemos exportar a nuestra vida diaria. No hay escenas artificiosas y todo sigue una coherencia aplastante.

La novela, que arranca con la investigación del asesinato de un perro, atrapa desde el primer párrafo y no te suelta hasta el final. Está lleno de divertidísimas reflexiones metalingüísticas que obligan a esbozar una sonrisa y que demuestran a un excelente autor a tener en cuenta.

Uno de los puntos fuertes de la novela es que obliga al lector a situarse en una situación tan desconocida como desconcertante: al observar la historia a través del personal filtro de su protagonista, todas sus emociones se revelan frías y mecánicas. Eso hace que las escenas más emocionantes carezcan de la prosa retorcida y prepotente de la literatura clásica, lo que crea una situación tan extraña como estimulante. La emoción que percibimos nosotros es mucho más intensa porque podemos adelantarnos a los hechos gracias a una intuición que Christopher no puede usar por centrarse únicamente en los hechos. Sabemos cosas antes de que él las descubra, lo que provoca un desasosiego y una tensión pocas veces vista que te arrastra a seguir leyendo.

Quizá no quede muy claro de qué estoy hablando, pero no quiero estropear ninguna de las muchas sorpresas que depara esta gran novela. Solo quiero dejar claro que es una joya. Un libro imprescindible que todo el mundo debería leer antes de salir a la calle y opinar de según que cosas.

Lo mejor: todo

Lo peor: no entender todos los acertijos que Christopher nos propone

'El Juego del Ángel': primeros apuntes

Hace unas semanas que salió a la venta el nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón tras La Sombra del viento y, por supuesto, ya es el éxito editorial del año. La obra se estrenó llena de secretismo (y digo esto sin ninguna intención de crítica). Simplemente me refiero a que el libro apareció sin que nadie hubiera leído su contenido y eso hizo que los lectores llegáramos vírgenes a su contenido sin la contaminación de los medios.

Sólo me he leído la mitad del libro y me ha asaltado una pregunta: a parte de comprarlo, ¿alguien lo ha leído? Lo digo porqué la suculenta trama de Zafón aborda un tema que siempre suele llevar consigo una gran polémica, el de la religión. Estamos acostumbrados ya a las quejas de la iglesia ante obras como El Código da Vinci y otras intrigas del mismo estilo. Pero en cambio, no he sentido, aún ningún comentario incendiario al respecto de El Juego del Ángel. Reitero que no he terminado el libro y quizá me equivoque, pero a estas alturas esperaba que se hubieran hecho algunos comentarios. Como no es así, me apunto el primer tanto. Dicho esto, aviso que, a partir de ahora voy a contar algunas cosas del libro. Aunque seré sutil, quien no quiera descubrir nada, que no siga leyendo.

En El Juego del ángel aparece un misterioso personaje que le propone a su protagonista (un pobre escritor venido a mercenario de la literatura) que escriba un libro sobre religión. Básicamente, que rescriba una Biblia para una nueva fe. Esto al principio choca en medio de la lúgubre trama que nos presenta Zafón pero después adquiere una lógica impresionante. El problema es que de esta situación, de este juego se desprende la idea de que todas las religiones se crearon como un medio de control de la población y que, la fe, no es más que una invención de algún personaje poderoso para dominar a los demás. La Biblia es, así, un relato escrito para adoctrinar y para encaminar a los temerosos hacia un determinado fin y no el supuesto legado del poder de un hombre.

Me asusta pensar que, entre los miles de compradores de El juego del ángel haya gente creyente( como mis tías o abuelas) que vean en él una cierta denuncia de lo que son las religiones. No sé qué pensarán al encontrar unos personajes que hablan de la religión como algo terrenal y caprichoso y no como un designio de un ser superior que se alza en un cielo profético.

No tengo la intención (de momento) de seguir incidiendo en este terreno, puesto que ya lo haré cuando conozca el final del libro y pueda decir donde lleva todo. Pero espero que esto sirva de primer apunte y que si alguien piensa lo mismo que yo, pueda compartir su opinión. Más allá de todo esto, cabe decir que el libro es excepcional y, aunque su localización en la Barcelona del primer cuarto de siglo me parece acertada, da la impresión de tratarse de una mera excusa para darle a la novela un barniz lúgubre. A pesar de estar ambientada en otra época, los personajes parecen hablar y comportarse como si se tratara de nuestros contemporáneos y basta con cerrar los ojos para imaginarse a D.M caminando por la Rambla que hoy todos conocemos.

Confesiones de un cinéfilo II: Lenguaje cinematográfico

Muchas veces mis amigos y amigas me acusan de ser un friky con esto del cine. El comentario más habitual es que, en vez de ir a disfrutar de la película, voy a criticarla, a ver lo negativo. Evidentemente, yo digo que eso no es verdad. Si la película es buena la disfruto, pero eso no evita que analice como está filmada, que planos usa, la importancia del sonido, de la fotografía...

Ante eso, la respuesta es, siempre, “yo solo miro que la historia sea buena”. Y por ahí es donde no paso, porqué la historia es únicamente una parte de la película. Lo decía Tarantino: “una película debe ser mucho más que su guión”. Hablar de lenguaje cinematográfico, de estilo, de técnica puede ser muy complicado. Yo, la verdad, aún estoy en pañales en algunos temas pero me gusta analizar los distintos elementos pormenorizadamente y destacar aquello que tiene de bueno una película. Aunque la historia sea un peñazo. Y para demostrar que tengo razón, siempre uso el símil de la literatura:

Aunque a veces me lo quieran negar, mis amigos han de admitir que tengo razón en que el lenguaje es importante para un libro. Cuando han leído algo siempre me dicen: “me gusta como escribe tal autor” o “el lenguaje es complicado”, etc. Cuando abrimos un libro somos capaces de decir como está escrito. Puede usar palabras técnicas o llanas, las frases pueden ser largas o cortas, muy simples o muy elaboradas. La trama puede ser lineal o puede irse por las ramas. Hay autores que no usan guiones para separar escenas de diálogo. Algunos usan constantemente un vocabulario muy rico mientras que otros apuestan por el “fulano dijo esto y menguano dijo lo otro”.

Esto, por fuerza imprime un efecto en la historia. Un libro está escrito con palabras y lo único que hay son palabras. Es su selección y la forma como se conjugan lo que construye una pieza global y que nos permite decir si un libro es bueno o es malo.

Pues para mí, el cine es lo mismo. Una película está hecha a partir de cientos de planos. La puesta en escena, los movimientos de cámara, la longitud y perspectiva de los planos... todo eso define la película e influye en su visionado. Puede que no nos demos cuenta ya que un montador de cine no es un payaso y sabe lo que se hace. Pero sí que podemos darnos cuenta fácilmente cuando un plano se alarga, cuando “no pasa nada” me dicen. ¡Claro que pasa! Cada escena sirve a algún motivo. Nada es gratuito. Godard decía que una panorámica es “una cuestión moral”. Si una persona planifica y ejecuta un determinado plano, habrá que valorarlo y decidir si es positivo o negativo. Esto siempre ajustándose a un sistema de valores propio. No seré yo quien diga qué debe ver la gente ni qué películas le han de gustar.

La moraleja vendría a ser que cada cual haga lo que le dé la gana. Y por tanto, que dejen de criticar mi actitud ante el cine. Aunque no lo parezca, seguramente me aporta mucho más placer ver una película atentamente que no el hecho de desentenderme de su lenguaje en pos de un visionado más fútil (ver la peli y olvidarme). No quiero olvidar la película. Quiero que vuelva a mí al día siguiente, descubrir, 48 horas después, a qué venía esa frase, ese plano. Esa mirada. Pensar en lo que me he dejado en el tintero y qué debo recuperar en otra sesión. Buscar críticas en revistas o Internet para reforzar mi opinión o para enfadarme si no me dan la razón. Eso, en definitiva, es pasión por el cine. Y lo que a mí me gusta, por encima de otros hobbies, es ver (y analizar) películas.

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Confesiones de un cinéfilo (I)

Celulosa vs celuloide: 'American Psycho'

Hacía ya tiempo que quería leer la novela American Psycho, y por fin lo he hecho. Lo intenté hace tiempo, cuando tenía unos 16 años, y no fui capaz. Es un libro realmente duro por su violencia y exigente por su estructura narrativa. Después de cerrar el libro vi la película (que sí había visto antes) para poder comparar convenientemente la calidad de cada uno. ¿Y cual es mi valoración? American Psycho es una novela excelente y su adaptación, aunque fiel, no está a la altura del libro.

American Psycho narra las experiencias en primera persona de Patrick Bateman, ejemplo canónico de un yuppie de mediados/finales de los ochenta que, además, es un psicópata asesino. Se trata de la tercera novela de Bret Easton Ellis tras Menos que Cero y Las Reglas del Juego y, en esta ocasión, lleva su afilado y amargo retrato de la sociedad americana hasta límites insospechados.

El libro tiene una estructura voluntariamente reiterativa que repite, una y otra vez, los mismos temas. No es gratuito que desde la página 0 hasta la última, Bateman hable continuamente de su ropa, su higiene, su consumo desmedido, los lugares donde cena o de las muertes que lleva a cabo. Bateman ejemplifica un modelo de ciudadano (así como de una sociedad) encaminada al consumismo y donde la forma, el envoltorio, lo es todo. El mismo personaje se define como una especie de espectro, una superficie vacía sin ningún contenido. Hacia el final del libro, el autor consigue destilar ese sentimiento de forma excelente sin caer en juegos estilísticos artificiales. Ellis asume una arriesgada postura que no traiciona en ningún momento y que mantiene hasta el final. Esto hace de la novela una experiencia difícil pero tan intensa como recomendable si os gustan las emociones fuertes. Pero... ¿qué pasa con la adaptación cinematográfica?

Para empezar, hay que decir que la historia es extrañamente fiel a la novela. A pesar de algunos cambios en la trama para evitar la saturación de personajes y lugares, se mantiene el tono y la idea general de lo que sucede. Además algunas escenas son recreaciones exactas de la novela. Quizá el estilo de la película es un tanto blando si tenemos en cuenta que el material es tan potente. La cinta de Mary Harron palidece si la comparamos con la tremenda El club de la lucha, que se estrenó el mismo año y donde el apartado visual sirve como un catalizador de la trama. En este caso, vemos sangre, violencia y alguna escena de sexo, pero todo parece demasiado estilizado y limpio. Hay que admitir que toda la puesta en escena tiene un tono frio casi quirúrgico que le sienta la mar de bien, y algunas escenas están rodadas en una agobiante oscuridad que le añade una atmósfera inquietante al conjunto. Entonces, ¿cuál es el problema? En mi opinión es que la película no ha sabido encontrar el fino equilibrio que hay en la novela entre comedia y drama.

El libro contiene escenas que caen de lleno en el absurdo y donde Bateman no es más que una parodia ridícula de si mismo, pero hacia el final el poso que deja la lectura es tan pesimista, tan oscura, que aquello que permanece en el lector es la peligrosidad de ese personaje tan real y tan próximo. Alguien con quien nos podemos cruzar cualquier día y que, esto es lo peor, no tiene nada que perder. En definitiva, no nos podemos quejar. American Psycho ha dado lugar a una obra (en papel) excelente y a otra obra (en este caso audiovisual) que pese a no estar a la altura del origina, tampoco ofende (como si que hacen la mayoría de adaptaciones de libros actuales). No debemos olvidar que Bret Easton Ellis dio el visto bueno a la adaptación y dijo que lo único que no le había gustado fue el movimiento a lo Michael Jackson de Patrick Bateman cuando asesina a uno de sus amiguetes.



Meravellosa idea: el bloQG

Aquest és el primer post que publico en català. La meva condició bilingüe fa que sovint hagi tingut la temptació d’escriure sobre alguns temes en català mentre que d’altres em van millor d’escriure en castellà. Però finalment, i per donar continuïtat al blog, sempre ho he publicat tot en castellà. Aquest cop, en canvi, he canviat al català perquè l’ocasió s’ho mereix. Ja sé que pot significar un precedent estrany, però si tenim en compte el ritme de visites diaris que rebo, no crec que la gent surti en massa al carrer per queixar-se : )

Bé, no m’enrotllo més. La raó de fer aquest postés que l’Associació Xarxa de Mots, juntament amb la Fundació Josep Pla, de Palafrugell, ha engegat el bloQG, el Quadern Gris de Josep Pla en format blog, i per rendir tribut al mestre, jo també publico en català.

El Quadern Gris és un suposat dietari biogràfic de Josep Pla que serveix a l’autor per reflexionar sobre la llengua catalana i que va suposar un punt i a part en la literatura a Catalunya. He treballat mínimament l’obra a través d’alguna assignatura i em va semblar excepcional, però tampoc sóc cap expert en la matèria. Només vull dir que em sembla una gran idea mantenir el format de diari en format blog. D’aquesta manera, es publicarà cada post just 90 anys després de la nota original, mantenint la data que aquesta tenia. El primer post del blog és el de 9 de març de 1918 i el proper correspondrà al segon dia en que Pla va escriure al seu diari.

El bloQG deixarà de publicar-se quan s’acabi la última entrada d’el Quadern Gris i permetrà fer una lectura diferent d’aquesta obra mestra de la que hem pogut fer fins ara. No cal dir res més, només anar a visitar el bloQG.

Académico (IV): El síndrome consumista en cuerpo y mente

Bajo el paraguas de Académico, voy a reciclar algunos textos que publiqué en otro de mis blogs, seminariouab.blogspot.com y que escribí únicamente como material para una asignatura universitaria. Como recibí algunos buenos comentarios, he decidido recuperarlos aquí. Os invito a leerlos, pero recordad que se trata de un texto académico basado en el estudio de un libro. Quien avisa no es traidor.
En mi opinión el capítulo dedicado al consumo, Consumidores en la sociedad moderna líquida, es uno de los más importantes e interesantes de toda la obra Vida Líquida de Zygmunt Bauman. No es casual que este sea el único segmento del libro que está dividido en subtítulos, pequeñas franjas de estudio, pues el consumo es uno de los principales tema de debate de nuestra sociedad o, quizás, el principal.

El capítulo arranca con una reiteración de algunas de las ideas que ya se han tratado en el libro pero que desembocan en una síntesis de lo más precisa: “el consumismo es (...) una economía de engaño, exceso y desperdicio”. Nuestra economía basada en el consumo implica una constante acumulación de mentiras y de promesas incumplidas. Pero el consumidor, lejos de abandonar tras verse engañado, sigue empeñado en avanzar, lo que le lleva a una carrera sin fin a través de la adquisición de todos los bienes y servicios de consumo que tenga a su alcance. El exceso es básico, cuanto más compres, uses y desperdicies, mejor podrás deslizarte por la vida líquida consumista que define Bauman.

Y es en este panorama donde el autor ubica tres elementos o conceptos que se vinculan estrechamente pero que abren, cada uno por su cuenta, múltiples temas de debate: “la vida consumidora, el cuerpo consumidor y la infancia consumidora”. Veamos cada uno de ellos.

Bauman opina que el ser humano siempre ha sido consumidor y, por tanto, la sociedad de consumidores no es algo nuevo de nuestros tiempos. Pero la creciente velocidad de la vida líquida y la reducción de la durabilidad de sus procesos, la ha llevado un paso más allá. Para Bauman, la sociedad actual está sumida en un Síndrome de Consumo.

“Ese síndrome implica más, mucho más, que una mera fascinación por los placeres de ingerir y digerir, por las sensaciones placenteras y sin más y por el divertirse o el pasarlo bien. Se trata de un auténtico (...) cúmulo de actitudes y estrategias, disposiciones cognitivas, juicios y prejuicios de valor, supuestos explícitos y tácitos sobre el funcionamiento del mundo y sobre cómo desenvolverse en él, imágenes de la felicidad y maneras de alcanzarla”.

El consumo alcanza niveles sociales pero también psicológicos o de conducta. Esto hace que nada escape al consumo y que este lo controle todo. De hecho el consumo se ha convertido en un paradigma y supone el rasero para medir todo aquello de valor que pueda existir en la sociedad. La vida entera se ha convertido en un gran hipermercado de moda, tendencias, productos, servicios e ideas. Todo se compra-vende-deshecha a un ritmo vertiginoso, pues tan importante es poder acceder a los bienes a tiempo (antes de que pierdan su exclusividad) como deshacerse de ellos antes que pasen de moda y verse con ellos sea la peor de las humillaciones.

El cuerpo es en la sociedad líquida actual el epicentro de todo lo que representamos, somos, anhelamos y deseamos. El cuerpo se ha convertido en algo tan importante que no dejan de aparecer todo tipo de recetas para cuidarlo, alimentarlo y hacerlo apetecible y atlético. No es simplemente una metáfora sobre el bien (músculo) contra el mal (grasa) de las sociedades, sino que se ha convertido en la única realidad tangible y palpable de quien somos. Salir a la calle es encontrarse ante centenares de ofertas para mejorar nuestra dieta, peso, aspecto y humor a través del ejercicio físico, los masajes, la medicación... Una muestra de por donde van los tiros es la gran aceptación que palabras como Fitness o Spa han tenido en el vocabulario de los ciudadanos españoles.

sLa novela American Psycho y su posterior adaptación cinematográfica son un perfecto ejemplo de esta situación. Su protagonista, Patrick Bateman, es un yuppie de la década de los 80 totalmente absorbido por la vida consumidora. Al inicio de la novela explica durante páginas y páginas cuales son sus ingredientes para mantener el cuerpo en forma: ir al gimnasio, tratarse el cutis siempre con un determinado producto y durante un tiempo exacto, aplicarse todo tipo de cremas y máscaras, afeitarse siguiendo un proceso rígido y meticuloso, asearse uñas y dientes... Bateman es el reflejo hiperbólico y desquiciado de una sociedad enferma por las apariencias. Toda la obra de Bret Easton Ellis habla precisamente de lo que Bateman cree ser y de la frustración que le produce descubrir, hacia el final, que su vida no es diferente a la de tantos otros seres humanos.

Bateman forma parte de un grupo de grandes, enormes consumidores. Jóvenes de treinta años con un poder económico apabullante. Los restaurantes caros y elitistas, la cocaína y los trajes espectaculares marcan su vida diaria, pero al final descubren que todos esos complementos no son más que vacías capas de barniz que no cubren nada. Es antológico en este sentido el absurdo debate que se establece entre cual de ellos tiene la mejor tarjeta de presentación cuando todas son iguales pero con algunas (imperceptibles) variaciones.

El hecho que Patrick Bateman sea un asesino, un psicópata, indica la importancia que el cuerpo tiene en esa sociedad. Bateman es alguien totalmente obsesionado con la apariencia y con el poder del cuerpo como definidor de un status social. Por eso destruye otros cuerpos. Algunas de sus víctimas son desechos de la sociedad, vagabundos y putas que deben pagar el precio de no estar a la altura de los consumidores puros. En otras ocasiones, el asesinato es un aséptico, frío y cruel acto de vampirismo. Al matar y descuartizar a alguno de sus compañeros, Bateman pretende, de hecho, hacerse con el poder, magnetismo y vitalidad de esa persona. Pero para ello debe acabar con su contenedor, que es ese excesivamente pulido y cuidado cuerpo humano.

¿Y cual es el futuro de esta situación? ¿Dónde desembocará esta tendencia? El retrato que Bauman ofrece de nuestro futuro como sociedad es tan destructivo, pesimista y temible que no podía tener una síntesis mejor en la frase “el alma del niño está asediada”. Retomamos la idea del asedio del primer capítulo como un ataque continuado, reiterativo y desde todos los flancos, pero esta vez dirigido no solo hacia un niño, sino hacia su alma. El concepto de alma es casi religioso y hace referencia a algo que está más allá de nuestras acciones, de nuestras ambiciones y de lo que anhelamos (y consumimos) el alma debería ser nuestra única parte libre y la de las futuras generaciones ya está contaminada.

Los niños de hoy han aprendido rápido y todas sus relaciones, ambiciones y deseos se sustentan sobre un patrón consumista. “Las grandes marcas se alimentan de una serie de necesidades que flotan libremente y sin hogar, y la lealtad a la marca ha sustituido a los lazos humanos como principal factor de las expectativas y las habilidades vitales de los consumidores del futuro”.

El consumismo lo es todo en la infancia y la sociedad les animará a que siga siendo así una vez que abandonen su etapa inicial de vida. No hará falta formar a los adultos de mañana para que acepten el estilo de vida consumista ya que vendrán preprogramados de antemano.

Los niños de hoy lo saben todo sobre juegos, consolas, programas de televisión, ordenadores, idiomas, famosos, artistas y sobre todo lo que está o no de moda. Los niños de hoy están siendo educados para moverse con una total versatilidad y libertad de movimientos por la vida líquida sin preguntarse jamás si lo que hacen está bien o mal. Si esto sigue así, el futuro se avecina negro y deprimente, y no parece que nadie esté dispuesto a cambiarlo.

'Muerte y Transfiguración', relato de tres décadas de cine americano


Acabo de leer el libro Muerte y Transfiguración, de José Luís Guarner, perteneciente a la trilogía Historia del cine americano editada por Laertis. Las dos obras previas que, aunque independientes, complementan el trabajo de Guarner son Desde la Creación al primer sonido, de Homero Alsina Thevenet, y El esplendor y el Éxtasis, de Javier Coma.

En Muerte y Transfiguración, Historia del cine americano /3, Guarner analiza el cine norteamericano entre 1961 y 1992, tres décadas marcadas por constantes cambios y mentalidades en la industria de Hollywood. El libro es una disección exhaustiva y precisa del cine que se hizo en esas tres décadas contextualizado con el entorno socio-político-económico de cada período. Una obra breve pero, a mi parecer, imprescindible para comprender el estado en que se encuentra hoy el cine de Hollywood.

Han pasado once años desde que Guarner finalizó su suculento análisis del cine norteamericano. Lamentablemente este tiempo no ha servido para contradecir la pesimista visión del autor sobre el cine made in USA, sino todo lo contrario. El desolador panorama que dibuja Guarner al final de su libro es solo la hoja de ruta de lo que finalmente le ha sucedido al cine. El autor, estoy seguro, ya preveía esta situación, pues no es casual que el libro se inicie con la siguiente cita:

"Hacer películas, en Hollywood al menos, se ha convertido en algo tan trabajoso y tan pavorosamente caro, se toman tantas precauciones y se efectúan esfuerzos tan desesperados para asegurar el éxito en taquilla, que buena parte de la vivacidad, la experimentación de nuevos caminos y hasta la insistencia en la calidad se han hecho peligrosos comercialmente y cada vez menos posible su consecución”.

Esta frase, articulada por Preston Sturges en el año 1949, define a la perfección el cine norteamericano de finales de los 80 y principios de los 90, un momento en que la industria iniciaba su, aún presente, sistema de producción. Una película debe contar con el máximo de estrellas posibles y debe estar apoyada sobre una promoción capaz de saturar los medios de comunicación y los sentidos de los espectadores. Estos dos ingredientes, que no son infalibles, serán los que lograrán la mayor recaudación posible y anularán el riesgo al fracaso. Son años marcados por el baile de trabajadores de una a otra productora, el cambio de manos de las grandes majors y una nula capacidad de riesgo para buscar mayor calidad fílmica. Guarner sintetiza esta idea en un párrafo clave de su obra:

“Hollywood, sin embargo, ya no juega si no es sobre seguro. No renunciará a las superproducciones caras, carísimas, un vicio al que es difícil renunciar. Pero la apuesta de todos los estudios para 1993 es olvidar las epopeyas de violencia y centrarse en películas para familias, a base de niños, animales y cartoons. (...) Y no habrá mejor campeón de esta causa que Rupert Murdoch, cuya confesa película ideal es Solo en casa. Esto quiere decir que las películas adultas y/o artísticas serán cada vez una especie amenazada, un lujo que sólo se permitirán, en todo caso, los independientes”.

Quizá las palabras de Sturges, hace casi 60 años, y las de Guarner de hace apenas 10, deban hacer reflexionar a aquellos que recurrentemente se quejan (nos quejamos) de la baja calidad del cine que llega a nuestras pantallas. Es cierto que Muerte y transfiguración no pudo asistir a la caída de ventas de entradas a los cines, al aumento de la piratería, la llegada del DVD ni su futura desaparición ante la llegada del HDV, pero su análisis detallado y preciso puede darnos una idea de hasta donde puede llegar la industria en su conservadurismo y protección y la poca fe que debemos depositar en un futuro cambio.

Ni siquiera el cine independiente, en quien Guarner pone una mínima esperanza, ha logrado sus frutos. Como bien sabemos todos, hoy el cine independiente no es más que un producto más de la industria de Hollywood. Los directores que trabajan en este terreno siguen dependiendo de las grandes majos para su distribución e incluso estas tienen sus propias productoras-satélite dedicadas al cine Indie.

En las antípodas de Hollywood Babilonia

Pero dejando de un lado la capacidad del autor para prever muchas de las situaciones venideras dentro de una industria tan poderosa como la del cine, Muerte y Transfiguración es también un excelente testimonio del cine de una época y erige a su autor como un gran historiador del medio.

La obra sigue una estructura cronológica para mostrar las situaciones que rodean cada una de las películas que cita pero, al mismo tiempo, articula secciones transversales que nos permiten acceder a la trayectoria de un determinado director, de un género o de las cúpulas directivas de las grandes productoras. Esto hace que, además de aportar información, Guarner consiga aportar significado. El mapa trazado por el autor es tan claro, comprensible y elegante, que parece redactado sin ningún tipo de dificultad. Evidentemente, imagino, esto no es más que una apariencia, pues la adecuada gestión de la gran cantidad de datos que maneja no debe ser sencilla.

Lejos de obras como Hollywood Babilonia de Kenneth Anger, la intención de José Luís Guarner, no es la de mostrar los trapos sucios de la industria. Su labor es la de alguien interesado por el cine y que deja en meros comentarios secundarios muchos de los detalles de gestión de las más de 1.000 películas que comenta. En un término medio a estos dos libros se encuentra Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind, un extenso y pormenorizado retrato, elaborado a base de entrevistas, de la industria del cine durante los años 70. Suskind está más interesado en concentrarse en unos pocos trabajos, en su gestación, maduración y resultados para, a través de las odiseas profesionales y personales de sus artífices, mostrar una forma de vivir y de entender el cine. Guarner, en cambio, presta atención a TODAS las películas que se hicieron durante su período de análisis y, en una acción totalmente democrática, cede una cantidad de texto casi idéntica a todas las películas citada.

Porqué lejos de hacer una extensa lista de obras a modo de un diccionario, lo que proporciona Guarner, y es este uno de los rasgos que más destacan del libro, es una auténtica valoración de cada película. A través de unos pocos detalles y un uso prodigioso del adjetivo, el autor consigue mostrar la importáncia de la película, la opinión que le merece y como se relaciona ésta con el resto de películas del director o de la época. Y lo hace una y otra vez, sin resultar nunca repetitivo o mecánico. Su capacidad de precisión quirúrgica me resulta tan envidiable, me parece un ejercício tan impresionante, que no me tiembla la mano al asegurar que este libro, dedicado al subgénero de los libros sobre cine, es en si mismo una auténtica obra de la mejor literatura. Y es que, escribir bien, no tiene obligatoriamente que ser sinónimo de florituras y figuras retóricas que unicamente buscan el lucimiento. Guarner, usa las palabras justas e imprescindibles y esto da a su libro un ritmo endiablado al mismo tiempo que logra transmitir no solo información si no también emociones, sentimientos y un amor incondicional por este malogrado séptimo arte.

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